Cascada de Fuego es el nombre que los visitantes le dieron al Salto Golondrina, una caída de agua dentro del Parque Nacional Canaima, en Venezuela, que, durante unos minutos al atardecer, parece arder por dentro.
No hay lava ni edición de video detrás del efecto. Se trata de agua teñida de rojo por los taninos del suelo, atravesada en el ángulo justo por la luz del sol.
El fenómeno ocurre en el sector occidental del parque, en la Laguna de Canaima, donde el Salto Golondrina cae junto a otros saltos conocidos como El Sapo, El Hacha y Wadaima.
Los pemones, comunidad indígena que habita esta zona desde tiempos ancestrales, lo llaman Kowchik, que en su lengua significa precisamente golondrina.
Por qué el agua parece fuego
La explicación tiene menos misterio y más química de suelo.
Los ríos y quebradas de la Gran Sabana, la región donde se ubica Canaima, nacen en los tepuyes y atraviesan suelos ácidos, pobres en nutrientes y muy ricos en hierro y aluminio.
A su paso arrastran ácidos húmicos y taninos, compuestos que liberan las plantas en descomposición de la selva circundante, y que tiñen el agua con tonos que van del té al vino, según la profundidad y la concentración.
Ese color oscuro, casi anaranjado bajo ciertas luces, suele pasar inadvertido a plena luz del día. Pero cuando el sol baja y sus rayos entran casi horizontales, atraviesan la cortina de agua en un ángulo que amplifica los tonos rojos y dorados del cauce.
El resultado es una lámina de agua que, durante unos minutos, parece encendida por dentro.
El mismo principio de aguas teñidas por taninos se repite en otros puntos de la Gran Sabana, como la Quebrada de Jaspe o las Cortinas del río Yuruaní, aunque en ninguno se logra el mismo efecto óptico que el Salto Golondrina durante el ocaso.
Cuándo conviene ir a verla
Como muchos otros fenómenos de la naturaleza, el espectáculo no es constante ni está garantizado. Depende de que el cielo esté despejado, de que el sol llegue en el ángulo correcto y de que el caudal del salto tenga suficiente fuerza para sostener la cortina de agua.
Quienes visitan la zona con frecuencia coinciden en que la temporada de lluvias, entre junio y enero, es la más favorable, porque los ríos bajan con mayor caudal y las cascadas de la laguna alcanzan su máxima intensidad.
Dentro de esa ventana, el momento más propicio para presenciar el efecto de fuego suele ubicarse en las últimas horas de la tarde, cuando la luz solar incide de forma rasante sobre la caída de agua.
Los guías locales, indispensables para moverse por esta zona del parque, suelen conocer los horarios y las condiciones que mejor favorecen el fenómeno en cada época del año.
Otros datos del lugar que vale la pena conocer
El Salto Golondrina forma parte de un recorrido más amplio por la Laguna de Canaima, al que se accede navegando en curiaras, las canoas tradicionales de la región.
En varios de estos saltos, entre ellos El Sapo, es posible caminar por detrás de la cortina de agua, una experiencia que permite observar la caída desde adentro.
El Parque Nacional Canaima, con más de tres millones de hectáreas, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994.
Dentro de sus límites se encuentra el Auyantepui, la montaña tabular de casi 700 kilómetros cuadrados que, en lengua pemón, significa “montaña del diablo” y que da origen al Salto Ángel, la catarata más alta del mundo, con una caída de 979 metros.
Más de ochenta tepuyes se distribuyen por la Gran Sabana, formaciones rocosas que datan de miles de millones de años y que, según la cosmovisión pemón, son la morada de sus dioses.
