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ToggleEl 22 de abril vuelve a marcar en el calendario el Día de la Tierra y, con él, la pregunta que se repite cada año: ¿hay razones para el optimismo?
El relato dominante suele responder que “no”. Los incendios, las inundaciones y las cifras sobre el carbono son alarmantes. El relato de la emergencia ambiental tiene una presencia constante.
Pero en los últimos 12 meses también hubo noticias positivas, avances concretos, medidos y verificables, que se presentan como una pequeña luz de esperanza.
Cinco en particular merecen atención, no como contrapeso al problema, sino como evidencia de que, cuando hay voluntad política y acción sostenida, los resultados llegan.
1. El salmón volvió al río Klamath después de un siglo
En agosto de 2024 se retiró la última de las cuatro presas que bloqueaban el río Klamath, en la frontera entre California y Oregón.
Fue el mayor proyecto de demolición de presas de la historia de Estados Unidos. También, el resultado de décadas de presión por parte de ambientalistas y de la tribu nativa Yurok, que durante generaciones esperó el regreso del salmón a sus aguas ancestrales.
Después de un paréntesis de 100 años, los salmones fueron avistados en la cuenca del río Klamath.
Los miembros de la tribu estimaban que el salmón tardaría meses en regresar a los tramos superiores, dado que su número había sido diezmado por el mal estado del río. Demoraron mucho menos de lo esperado.
El caso del Klamath ilustra algo que los científicos llevan tiempo documentando: los ecosistemas fluviales pueden recuperarse con relativa rapidez cuando se eliminan las barreras artificiales.
El salmón no regresa solo. Con él llegan nutrientes, cadenas tróficas y la memoria ecológica de un río que había perdido su función.
2. El lince ibérico alcanzó los 2.401 ejemplares, un 19% más que el año anterior
En 2002 quedaban 94 linces ibéricos en toda la Península Ibérica, España. Era el felino más amenazado del mundo.
En junio de 2024, la UICN actualizó su lista roja y reclasificó al lince ibérico de “en peligro” a “vulnerable”. Esto no es un hecho aislado, sino el resultado de una recuperación nunca antes lograda en una especie de felino.
Los números del censo publicados por el Ministerio para la Transición Ecológica son precisos: 2.401 ejemplares censados en 2024, con un crecimiento poblacional del 18,8% respecto al año anterior. De ellos, 2.047 se encuentran en España y 354 en Portugal, distribuidos en 17 núcleos con hembras asentadas en los 22 núcleos de presencia estable de la Península.
Detrás de esta recuperación hay 20 años de trabajo coordinado entre administraciones, ONG, científicos y terratenientes, respaldado por financiación europea a través de los proyectos LIFE.
También hay corredores ecológicos, programas de crías en cautiverio, señalización en carreteras y la lenta pero sostenida recuperación del conejo de monte, que constituye la base del 90% de la dieta del lince.
La especie sigue siendo vulnerable. Pero ya no está al borde de la extinción.

3. La energía solar y la eólica batieron todos los récords históricos
La capacidad mundial de energía renovable creció un 15,1% en 2024, alcanzando los 4.448 gigavatios. Se añadieron 585 GW adicionales en un solo año, impulsados principalmente por la expansión solar y eólica, según las cifras publicadas por la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA).
La energía solar fotovoltaica representó 452 GW de ese total, casi el 78% de la nueva capacidad instalada.
China encabezó las instalaciones, siendo responsable de más del 60% de las adiciones solares globales.
En la Unión Europea, los datos también marcan un punto de inflexión. Según el informe “European Electricity Review 2025”, el 47% de la electricidad generada en la UE en 2024 provino de fuentes renovables, un nuevo récord.
Por su parte, el uso de combustibles fósiles cayó al 29%, su mínimo histórico, y la energía solar superó por primera vez a la generada por el carbón.
Queda camino por recorrer. Las propias agencias advierten que el ritmo actual no alcanza para triplicar la capacidad renovable antes de 2030, objetivo acordado en la COP28. Pero la dirección es inequívoca y la velocidad de cambio, inédita.
4. El agujero de ozono en 2024 fue el más pequeño en años
Es, quizá, el mayor éxito de cooperación ambiental internacional de la historia moderna.
El Protocolo de Montreal, firmado en 1987, prohibió el uso de sustancias que destruyen la capa de ozono y sus efectos siguen siendo visibles cuatro décadas después.
La Organización Meteorológica Mundial informó de que el agujero de ozono antártico en 2024 fue inferior al promedio del período 1990-2020. Fue, de hecho, más pequeño que los agujeros relativamente grandes observados entre 2020 y 2023.
Si las políticas actuales se mantienen, la capa de ozono recuperará los valores previos a 1980 alrededor de 2040 en la mayor parte del mundo, 2045 en el Ártico y 2066 sobre la Antártida.
Es una línea de tiempo larga, pero la trayectoria es positiva. Lo que el ozono demuestra es que cuando la comunidad internacional actúa con coherencia sobre un problema concreto, los resultados son reales.
5. El Tratado de Alta Mar alcanzó las 60 ratificaciones y entró en vigor en enero de 2026
Durante casi dos décadas, el océano profundo careció de un marco legal de protección efectivo. En septiembre de 2023 se adoptó el Tratado de Alta Mar, conocido formalmente como el Acuerdo BBNJ.
Para entrar en vigor, el tratado necesitaba la ratificación de al menos 60 estados miembros de la ONU. El 19 de septiembre de 2025, Marruecos se convirtió en el país número 60 en ratificarlo, lo que activó su entrada en vigor el 17 de enero de 2026.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, calificó el acuerdo como un “logro histórico para el océano y para el multilateralismo” y señaló que actúa como un salvavidas para el mar y la humanidad.
El tratado establece un mecanismo para crear áreas marinas protegidas en aguas internacionales, exige evaluaciones de impacto ambiental de las actividades humanas en alta mar y regula el acceso a los recursos genéticos marinos.
Es el primer instrumento vinculante que proporciona cobertura legal a la parte del océano que, hasta ahora, funcionaba como un espacio sin gobernanza.
No es el fin del trabajo. Es el comienzo de algo nuevo.
Estos cinco hechos no borran la urgencia de la crisis planetaria, pero sí muestran que la recuperación, cuando es posible, adopta formas muy concretas. Un río que recupera su caudal, un felino que vuelve a poblar el monte, un acuerdo que convierte el océano en algo protegible.
El planeta puede recuperarse.
