Imagen que muestra la posible ubicación del Bloop, el sonido captado por la NOAA en 1997. Foto: Nojhan, Creative Commons, CC BY_SA 3.0.

El “Bloop”: el enigmático sonido del océano que la ciencia tardó casi una década en descifrar

Se creyó obra de una criatura gigante de las profundidades; la explicación real es aún más preocupante.
07.07.2026
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En el verano austral de 1997, un equipo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) vigilaba la actividad volcánica submarina en el océano Pacífico sur cuando registró una señal única.

El sonido tenía una frecuencia extremadamente baja, una gran intensidad y fluctuaba cada minuto. Su timbre y su capacidad de propagación eran completamente inusuales. Al acelerarlo 16 veces para hacerlo audible al oído humano, esta misteriosa señal sonaba como “bloop”.

Fue justamente ese el nombre que recibió. Bloop.

Si bien los micrófonos submarinos de la NOAA suelen captar sonidos de origen incierto (a los que los investigadores les dan apodos como Upsweep, Julia —porque sonaba como la voz de una mujer— o Sea Train), el Bloop era muy diferente a cualquier sonido antes captado.

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Pero lo que más llamó la atención de los especialistas era que los hidrófonos que captaron la señal estaban ubicados a más de 3.200 kilómetros de distancia entre sí.

Pocos sonidos marinos logran registrarse en toda la red de sensores de la agencia. La magnitud del hallazgo generó dudas sobre su origen desde el primer momento.

Las hipótesis al respecto fueron muchas.

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Por qué se pensó en un monstruo marino

Por su rápida variación de frecuencia, el Bloop guardaba cierto parecido con las vocalizaciones de animales marinos, lo que reforzó las especulaciones sobre una criatura desconocida de proporciones extraordinarias.

El dato que alimentó esa hipótesis fue el volumen.

La señal superó ampliamente el alcance de cualquier animal conocido, incluida la ballena azul, cuyo llamado se escucha hasta unos 1.600 kilómetros de distancia, apenas una fracción de lo que viajó el Bloop.

La comparación resultó suficiente para instalar la idea de un monstruo marino en la cultura popular, un relato que se sostuvo durante casi una década mientras los científicos de la NOAA continuaban con el análisis de la señal.

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El misterio del Bloop se convirtió en un elemento fascinante dentro de la criptozoología, es decir, el estudio de los animales cuya existencia no está confirmada.

El más conocido de todos es el monstruo del lago Ness.

Uno de los divulgadores que respaldó con fuerza la hipótesis del monstruo marino fue el naturalista y criptozoólogo Loren Coleman, por las similitudes con el caso anterior. No obstante, tiempo después reconoció que Nessie no era una bestia, sino que el sonido provenía de la actividad geológica del lago.

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Cómo la NOAA rastreó el origen del sonido

Desde el inicio, la hipótesis que se manejaba internamente en la agencia apuntaba a otro fenómeno.

En 2001, un oceanógrafo de la NOAA planteó que la señal podía originarse en el hielo frente a las costas antárticas, aunque todavía sin pruebas concluyentes.

La confirmación solo llegó cuando el grupo de investigación reposicionó sus instrumentos de escucha.

Al acercar los hidrófonos a la Antártida, registraron en repetidas ocasiones señales de baja frecuencia y alta amplitud que coincidían con la huella acústica del Bloop.

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El patrón se repitió lo suficiente para descartar cualquier origen biológico.

En 2005, la NOAA concluyó de manera oficial que el sonido correspondía a un sismo glaciar (icequake): la fractura y el desprendimiento de icebergs de gran tamaño en glaciares antárticos.

El hielo, al quebrarse bajo tensión, libera ondas sonoras de baja frecuencia capaces de recorrer buena parte del océano antes de perder intensidad.

La evidencia no quedó ahí.

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Entre 2007 y 2008, hidrófonos instalados en el mar de Scotia detectaron numerosos sismos glaciares con espectrogramas casi idénticos al del Bloop, y esas señales permitieron rastrear de forma acústica el desprendimiento del iceberg A53a cerca de las Georgias del Sur.

Según datos de la agencia, cada año se producen decenas de miles de sismos glaciares por el agrietamiento y desprendimiento de hielo marino y de glaciares, un fenómeno que, según la NOAA, se vuelve más frecuente a medida que avanza el calentamiento global.

Hoy en día, sabemos que el Bloop no es un monstruo marino.

Pero el hecho de que se trate de una señal temprana de cambio climático lo vuelve incluso más preocupante que cualquier bestia que aceche en las profundidades.

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Mientras las temperaturas globales sigan aumentando, el sonido del Bloop seguirá siendo una señal de alerta que, como humanidad, no podemos ignorar.

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