Marruecos es un país que ha experimentado una gran modernización en las últimas décadas.
Uno de los destinos más buscados en el norte de África, hasta el punto de atraer a los turistas que hasta hace poco solo tenían ojos para Egipto y sus pirámides.
Si bien no encontramos este tipo de edificaciones en suelo marroquí, el país del Atlas tiene otros muchos encantos que han servido para llamar la atención de los visitantes, desde su gastronomía hasta sus ciudades en medio del desierto.
Marrakech es una de las ciudades más importantes del país, ubicada en el suroeste y uno de los destinos turísticos favoritos de los visitantes.
En ella encontramos una inmensa medina, que cuenta en su interior con algunas de las mezquitas más impresionantes del país, por no hablar de la bulliciosa plaza Jemaa el-Fna.
Aquellos que decidan explorar un poco más la zona descubrirán también los preciosos Jardines de la Menara, una de las joyas ocultas de la ciudad. Un lugar que cuenta con nueve siglos de historia y que siempre se ha vinculado al amor y al romanticismo.
Aunque también oculta secretos oscuros que no muchos conocen.
Un lugar de paz y tranquilidad con casi 900 años
Los Jardines de la Menara son uno de los atractivos más destacados de Marrakech, aunque quedan un poco alejados de su medina, la zona central de la ciudad.
Para llegar a ellos, debemos caminar hacia el oeste y los encontraremos justo detrás del aeropuerto.
El bullicio a su alrededor es hoy mucho mayor que cuando fue concebido, allá por 1130, siendo una de las obras de ingeniería más importantes de su época. De hecho, este lugar estaba pensado para ser un remanso de paz y tranquilidad para los sultanes, que podían disfrutar aquí del arrullo del agua que caía de forma natural desde los Montes Atlas.
El sistema de riego y canalización se conserva a día de hoy, con algunas mejoras, obviamente, lo que convierte este sitio en un auténtico remanso de quietud. Eso sí, la idea de “jardín” que tienen en Marruecos es diferente a lo que podría imaginar un turista, ya que es cierto que apenas encontramos árboles allí.
Lo que llama la atención es el inmenso lago artificial que domina el entorno y cuya orilla ha visto nacer y crecer miles de historias de amor a lo largo de estos siglos. Los Jardines de la Menara son muy conocidos en Marrakech por ser un lugar predilecto para las citas románticas.
El pabellón de tejado verde que se encuentra en el centro de los Jardines funciona también como lugar de encuentro y reunión. En torno a él encontramos algunos huertos con olivos, regados mediante una dársena ubicada justo debajo, con un sofisticado sistema de canalización de agua.
Recorrer estos huertos y disfrutar de la naturaleza es un placer inesperado en una ciudad que sirve de puerta de entrada al gran desierto del sur de Marruecos.
Los turistas, despreocupados, suelen pasar mañanas o tardes dando un paseo por este lugar, seguramente sin sospechar el oscuro secreto que alberga. Y es que aquí se rindió culto al amor y a la pasión, pero también a la muerte.
La leyenda de las amantes del sultán
El pabellón no lleva tanto tiempo aquí como los jardines en sí. Fue construido por el sultán Abdarrahman Ibn Hisham, a mediados del siglo XVII.
Se cuenta que a este sultán, uno de los más poderosos de su época, le gustaba traer aquí a sus múltiples amantes para dejarse llevar por el romanticismo del lugar. En aquel tiempo era habitual que el sultán gozara de múltiples mujeres, y de hecho podía tener multitud de esposas formando parte de su harén.
Sin embargo, lo que se dice de Ibn Hisham es que era demasiado celoso y se encaprichaba con rapidez con muchas mujeres que luego ni siquiera consideraba como esposas.
Así, el sultán acudía con ellas a los Jardines de la Menara y después de tener sus encuentros sexuales, las ahogaba en las aguas del lago, ya que no quería compartirlas con nadie.
En muchas ocasiones, los cuerpos permanecían incluso durante días en el lago, sin que nadie hiciera nada para rescatarlos.
Esta historia ha llegado hasta nuestros días como una leyenda, pero ha calado hondo entre la gente de Marrakech, que suele venir aquí a ver el atardecer.
Cuando el sol se pone y la noche cae sobre el lugar, los locales se marchan con prisa. Dicen que en esas oscuras horas es cuando se escuchan los lamentos y gritos de estas mujeres, asesinadas por aquel sultán.
Como toda leyenda, seguramente la historia de las amantes de Ibn Hisham tenga algo de verdad.
Sin embargo, el lugar, hoy por hoy, es mucho más conocido por sus románticos paseos al caer el sol que por esas supuestas apariciones fantasmales.
Un sitio a reivindicar en Marrakech, que suele ser olvidado por muchos turistas, por estar algo lejos de la medina.
