El mar de Jindo, en el suroeste de Corea del Sur, se retira varias veces al año y descubre un sendero de casi tres kilómetros entre las islas de Jindo y Modo.
Durante poco más de una hora, miles de personas caminan sobre el lecho marino antes de que la marea vuelva a cubrirlo todo.
El fenómeno ocurre dos o tres veces al año, generalmente entre marzo y junio, cuando las mareas bajan mucho más de lo habitual.
En esos momentos, el nivel del mar baja lo suficiente para dejar al descubierto una franja de sedimento de entre 40 y 60 metros de ancho que normalmente permanece bajo el agua.
No hay ningún misterio geológico detrás.
El estrecho de Myeongnyang, que separa Jindo del resto de la costa surcoreana, tiene una amplitud de marea que puede superar los nueve metros en sus valores máximos, algo excepcional si se compara con la media mundial de uno a dos metros.
Cuando distintos ciclos de marea coinciden en fase (lo que los oceanógrafos llaman armónicos de marea), el agua se retira más de lo normal y deja al descubierto ese camino.
Un camino que existe todo el año, aunque no siempre se vea
La franja de tierra que conecta Jindo con Modo no aparece de la nada cada vez que baja la marea.
Se trata de una cresta de sedimento que se fue formando con el paso de los siglos, gracias a que las corrientes en esa línea exacta entre las dos islas son más tranquilas que en el resto del estrecho.
Ese detalle explica por qué el camino siempre surge en el mismo lugar y no en cualquier punto del fondo marino.
Mientras dura la bajamar, que ronda la hora en su momento de mayor amplitud, los vecinos de la zona aprovechan para recoger almejas, pulpos y algas que quedan expuestos en el barro.
Después, el agua empieza a subir de nuevo, y lo hace rápido: quienes se demoran acaban cruzando con el agua por los tobillos o incluso por las rodillas.
El festival que convirtió la marea en un evento turístico
Aunque el mar se abre varias veces al año, la celebración oficial se concentra en un solo evento: el Festival del Camino del Mar Milagroso de Jindo, que en 2026 celebró en abril su edición número 46.
Durante esos días, el gobierno provincial organiza desfiles, danzas tradicionales, procesiones con antorchas y rituales chamánicos junto al cruce del camino marino.
El festival convoca a cientos de miles de visitantes cada año, y en algunas ediciones la cifra superó el millón de personas, según datos del gobierno de la provincia de Jeolla del Sur.
Jindo queda a unos 370 kilómetros al sur de Seúl, y la ciudad más cercana con infraestructura hotelera es Mokpo, a una hora en coche.
Por qué se lo conoce como el “milagro de Moisés”
El fenómeno era conocido localmente desde hacía generaciones, pero no saltó a la fama internacional hasta 1975.
Por entonces, el embajador de Francia en Corea del Sur, Pierre Landy, presenció la bajamar y la describió en un medio francés como la versión coreana del milagro bíblico de Moisés, en referencia al pasaje del Éxodo donde el mar Rojo se abre para que los israelitas escapen de Egipto.
La comparación quedó instalada y hoy es el nombre con el que se conoce al evento fuera de Corea.
La tradición local, sin embargo, tiene su propia explicación.
Cuenta la leyenda que hace siglos la isla de Jindo estaba habitada por tigres que atacaban a los pobladores, y que estos tuvieron que huir hacia la vecina Modo.
Una anciana, Bbyong, quedó atrás por accidente. Le rezó al dios del mar, Yongwang, hasta que este se le apareció en sueños y le prometió que al día siguiente surgiría un camino para que pudiera cruzar. Cuando amaneció, el mar se abrió.
Ese relato sigue vivo en cada edición del festival, aunque la explicación real esté a varios metros bajo el agua.
Reside en la combinación exacta de la gravedad lunar, la gravedad solar y la forma del fondo marino, que unos pocos días al año deja pasar a miles de personas por donde antes solo nadaban los peces.