Isaac Newton tenía 53 años y era ya el científico más famoso de Inglaterra cuando aceptó un cargo que nadie habría imaginado para él: perseguir falsificadores de monedas por las tabernas y prisiones de Londres.
En 1696 dejó su cátedra en Cambridge para asumir el cargo de guardián (warden) de la Casa de la Moneda Real, un puesto que en teoría era casi ceremonial.
Newton lo convirtió en una cacería personal que se extendió, con distintos grados de intensidad, durante los 31 años que le quedaban de vida.
De Cambridge a Londres: un giro inesperado
Inglaterra atravesaba en 1696 una crisis monetaria seria.
Según estimaciones del propio Newton, alrededor del 10% de las monedas en circulación eran falsas.
El fraude más común era el “recorte”: los estafadores limaban los bordes de las monedas de plata, se quedaban con las virutas y volvían a poner en circulación piezas de menor peso.
El secretario del Tesoro, William Lowndes, pidió ayuda a las mentes más brillantes del país para resolver el problema.
Uno de los que respondió fue Newton, que ya tenía contactos en el gobierno gracias a su amigo Charles Montagu, entonces canciller del Tesoro.
En marzo de ese año, Montagu le ofreció el cargo de guardián (warden) de la Casa de la Moneda. En teoría, era un puesto sin demasiadas exigencias.
Newton no lo trató así.
La Gran Recuperación de la Moneda
El primer desafío de Newton fue organizativo. Había que retirar de circulación casi todo el dinero de plata del país y volver a acuñarlo con un peso y una calidad confiables.
Esa operación, conocida como la Gran Recuperación de la Moneda (Great Recoinage), llevó cuatro años y requirió montar una línea de producción de 500 hombres en la Torre de Londres.
Para acelerar el proceso, se abrieron sedes adicionales en Bristol, Chester, Exeter, Norwich y York.
Newton desconfiaba de que parte del personal de esas sedes estuviera en connivencia con los falsificadores, así que ordenó a los responsables que no confiaran “en los cálculos de un solo empleado ni en otros ojos que no sean los propios”.
Bajo su supervisión, los trabajadores de la Casa de la Moneda cumplían jornadas de seis días a la semana desde las cuatro de la mañana.
Newton se disfraza: el científico se vuelve detective
Reorganizar la producción de monedas no alcanzaba si los falsificadores seguían operando sin castigo.
Newton asumió personalmente la tarea de investigarlos, algo que ningún guardián anterior había hecho con ese nivel de implicación.
Se hacía pasar por un cliente cualquiera para visitar tabernas y garitos de los bajos fondos londinenses, y también acudía directamente a la prisión de Newgate a interrogar a presos.
Solo entre junio de 1698 y diciembre de 1699, realizó personalmente más de cien interrogatorios a testigos, informantes y sospechosos.
Construyó una red de informantes en algunos de los barrios más peligrosos de Londres y elaboró los expedientes con la misma meticulosidad que aplicaba a sus ecuaciones.
A lo largo de su gestión, sus investigaciones derivaron en la condena de unos veinte falsificadores, la mayoría de los cuales terminaron en la horca.
William Chaloner, el rival que quiso dirigir la Casa de la Moneda
El caso más célebre fue el de William Chaloner, un falsificador de una habilidad excepcional que había amasado una fortuna considerable con monedas de calidad casi indistinguible de las originales.
Chaloner tenía ambiciones más grandes que el simple fraude. Publicó panfletos acusando a la Casa de la Moneda de incompetencia y llegó a proponerle al Parlamento que le permitiera dirigirla él mismo para “solucionar” el problema que él mismo generaba.
A Newton le llevó meses reunir pruebas sólidas contra Chaloner.
Para principios de 1699 había reunido decenas de testimonios y pruebas documentales. Chaloner fue arrestado, condenado por alta traición el 3 de marzo de 1699 y ahorcado en Tyburn diecinueve días después.
En los días previos a la ejecución, le escribió varias cartas a Newton suplicando clemencia.
Newton nunca respondió.
De cazador a administrador
El trabajo de investigación activa y personal (los interrogatorios en Newgate, las visitas encubiertas a tabernas, la persecución directa de sospechosos) se concentró sobre todo entre 1696 y 1699, mientras Newton ocupaba el cargo de guardián.
A fines de 1699 fue ascendido a director (master) de la Casa de la Moneda, un puesto de mayor jerarquía y mejor remunerado, que ocupó hasta su muerte en marzo de 1727.
En esta segunda etapa, mucho más larga, su rol se volvió más administrativo.
Supervisaba la producción, participaba en decisiones monetarias de peso (en 1717 fijó la relación entre el oro y la plata, lo que terminó empujando a Inglaterra hacia un patrón oro de facto) y siguió interviniendo en casos de falsificación, aunque ya no con la intensidad de detective de los primeros años.
Sumando ambos cargos, Newton estuvo al frente de la Casa de la Moneda Real durante 31 años, desde 1696 hasta su muerte a los 84 años.
Está enterrado en la Abadía de Westminster, a pocos metros de los reyes que gobernaron durante la mayor parte de su mandato.
