Un estudio publicado en el Journal of Comparative Psychology documentó 34 casos de orcas salvajes que se acercaron por su cuenta a personas para ofrecerles presas u otros objetos, en encuentros registrados en cuatro océanos a lo largo de más de veinte años.
La investigación, liderada por el biólogo Jared Towers, del grupo de investigación Bay Cetology, en Columbia Británica, junto con Ingrid Visser, del Orca Research Trust de Nueva Zelanda, y Vanessa Prigollini, de la Marine Education Association de La Paz, México, recopiló casos ocurridos entre 2004 y 2024 frente a las costas de California, Nueva Zelanda, Noruega, Alaska y la Patagonia, entre otras regiones.
Cómo se elaboró el registro
Para que un caso entrara en el estudio, tenía que cumplir criterios estrictos: la orca debía iniciar el acercamiento por su cuenta, soltar la presa lo bastante cerca como para que fuera evidente que iba dirigida a esa persona, y quedarse a observar qué pasaba después.
Con ese filtro, los investigadores descartaron encuentros ambiguos y se quedaron con 34 casos. De este total, 21 se produjeron con personas en embarcaciones, 11 con nadadores y dos con personas en la costa.
En conjunto, las orcas ofrecieron 18 especies distintas: seis peces, cinco mamíferos, tres invertebrados, dos aves, un reptil y hasta un alga.
Entre los objetos registrados hubo rayas, una tortuga verde, un pez luna, un tiburón de siete branquias y un ave marina. En la mitad de los casos, la presa estaba entera; en la otra mitad, ya había sido parcialmente consumida.
Qué pasó después de cada ofrecimiento
En el 97% de los encuentros, la orca esperó una reacción antes de continuar.
La mayoría de las veces (un 88% del total), la persona no aceptó la presa y, en esos casos, la orca solía recuperar el alimento y alejarse o bien compartirlo con otras orcas del grupo.
Solo en siete de los 34 casos el animal intentó ofrecer la presa más de una vez tras el primer rechazo, un dato aislado que conviene diferenciar del comportamiento general: la insistencia fue la excepción, no la norma.
Los investigadores excluyeron explícitamente la posibilidad de que se tratara solo de juego.
La razón es que la mayoría de las poblaciones estudiadas correspondían a orcas que cazan cerca de la superficie y comparten presas con frecuencia entre sí, un patrón de comportamiento cooperativo que ya estaba documentado dentro de su propia especie.
Por qué lo hacen
Towers explicó que compartir comida es una práctica habitual entre orcas, ya que suelen cazar presas más grandes de lo que necesitan y les queda alimento disponible.
Según los autores, ofrecerlo a otra especie podría responder a varios motivos simultáneos. Entre ellos, practicar un comportamiento cultural aprendido, explorar una interacción nueva, jugar o intentar comprender y, eventualmente, desarrollar un vínculo con los humanos.
Los propios investigadores son cautelosos respecto a una idea más ambiciosa: que las orcas comprendan lo que piensa una persona, lo que en ciencia cognitiva se conoce como teoría de la mente.
Esa hipótesis no está descartada, pero tampoco demostrada por este trabajo. El estudio documenta el comportamiento, pero no explica con certeza qué lo motiva.
Erich Hoyt, investigador de la organización Whale and Dolphin Conservation que no participó en el estudio, calificó el trabajo como cuidadosamente realizado y señaló que los autores fueron prudentes en sus conclusiones.
Ninguno de los 34 casos correspondió a poblaciones de orcas que se alimentan exclusivamente de peces en aguas profundas, lo que sugiere que la caza cooperativa cerca de la superficie podría estar directamente relacionada con este tipo de interacción visible con personas.
