El pantano de Okefenokee, en el sureste de Estados Unidos, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 25 de julio de 2026, durante la 48.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial celebrada en Busan, Corea del Sur.
La designación convierte sus 164.565 hectáreas de humedales, sabanas y bosques en el primer sitio de este tipo en el estado de Georgia y en el primer refugio nacional de fauna silvestre de todo Estados Unidos en integrar la lista.
Por qué la UNESCO lo reconoció
El Okefenokee es la turbera de agua dulce de tierras bajas más grande del mundo en zona subtropical.
También es uno de los ecosistemas más extensos e intactos dentro del llamado Punto Caliente de Biodiversidad de la Llanura Costera de Norteamérica, una franja que se extiende desde Massachusetts hasta México y que ha perdido el 86 % de su hábitat original desde la colonización europea.
La UNESCO lo inscribió bajo los criterios naturales (ix) y (x), reservados para ecosistemas con procesos ecológicos en curso y una biodiversidad excepcional.
El pantano alberga al menos 856 especies de plantas, 48 de mamíferos, 238 de aves, 39 de peces y 90 de reptiles y anfibios, entre ellas poblaciones importantes de caimanes americanos y osos negros.
También conserva franjas significativas de sabana de pino de hoja larga, un hábitat en peligro del que sobrevive menos del 3 % de su extensión original en el sureste del país.
Sus extensos depósitos de turba, además de funcionar como archivo del clima pasado, retienen alrededor de 140 millones de toneladas de carbono, más por hectárea que casi cualquier bosque terrestre del país.
Casi un siglo de disputas para protegerlo
Antes de que existiera cualquier figura de protección, comunidades como los pueblos Deptford, Swift Creek y Timucua ya consideraban sagrado al pantano.
Más tarde, las naciones Seminole y Muscogee Creek lo usaron como territorio de caza hasta que fueron desplazadas por la fuerza en el siglo XIX. Compañías agrícolas, madereras y ferroviarias drenaron después buena parte del humedal y talaron cipreses centenarios.
El primer freno significativo llegó en 1937, cuando el gobierno bloqueó una serie de proyectos de canales que habrían drenado el pantano.
En 1974 el Okefenokee se sumó al Sistema Nacional de Preservación de Áreas Silvestres, y una década más tarde recibió reconocimiento internacional como humedal bajo la Convención Ramsar.
La amenaza más reciente llegó de una compañía minera, Twin Pines Minerals, que durante años buscó explotar titanio y circonio a pocos kilómetros del refugio.
El conflicto se resolvió en junio de 2025, cuando la organización The Conservation Fund compró las casi 3.100 hectáreas de la empresa por unos 60 millones de dólares, cerrando así el camino a la minería en la zona.
Información práctica para la visita
El Okefenokee se extiende por los condados georgianos de Charlton, Ware y Clinch, además de una porción del noreste de Florida, a apenas 40 minutos en coche del Aeropuerto Internacional de Jacksonville.
La mejor época para visitarlo va de marzo a principios de mayo, cuando anidan las aves migratorias, los caimanes toman sol y la vegetación está en su punto más frondoso.
De octubre a comienzos de enero, en cambio, es el mejor momento para observar grullas canadienses sobre fondo de colores otoñales.
Hay tres entradas posibles, cada una con una tarifa semanal de estacionamiento de 5 dólares.
La entrada oeste, en el Stephen C. Foster State Park, es la más remota y da acceso a un parque de cielo oscuro certificado internacionalmente, ideal para la observación de estrellas.
La entrada norte la administra la organización sin ánimo de lucro Okefenokee Swamp Park, con acceso autoguiado desde 18 dólares.
La entrada este, gestionada por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. en el área recreativa del Canal Suwannee, es la más conveniente para quienes llegan en coche o planean remar, y queda cerca del pueblo de Folkston.
Rutas recomendadas
La actividad estrella del Okefenokee es recorrerlo en canoa o kayak.
El refugio tiene 190 kilómetros de senderos acuáticos interconectados que atraviesan bosques de cipreses cubiertos de musgo español, con posibilidades reales de cruzarse con caimanes, garzas y osos negros en las orillas.
La ruta conocida como Trail Ridge lleva a los remeros hasta el antiguo sitio sagrado de la nación Muscogee, sobre la costa arenosa del sector este.
Para quienes prefieren tierra firme, el sendero elevado Chesser Island Boardwalk conduce a una vivienda histórica del siglo XIX y a la torre de observación Owl’s Roost, desde donde suele verse fauna sobre las praderas de agua.
Cerca de la entrada, también es posible alquilar bicicletas para recorrer el camino panorámico Swamp Island Drive.
Entre las experiencias más buscadas están los paseos nocturnos en canoa organizados por guardaparques, pensados especialmente para aprovechar el cielo despejado del sector oeste.
Dónde alojarse
Quienes buscan dormir dentro del refugio pueden reservar en el Stephen C. Foster State Park, que ofrece 52 plataformas para tiendas de campaña con vistas al pantano y nueve cabañas con calefacción y aire acondicionado, gestionadas a través del sistema de reservas de los parques estatales de Georgia.
Cerca de la entrada este, el Inn at Folkston funciona como base cómoda para quienes prefieren no acampar y quieren estar a poca distancia del área recreativa del Canal Suwannee.
En 2024, un estudio proyectó que la designación de la UNESCO podría duplicar la cantidad de visitantes del Okefenokee en los próximos años, hasta llegar a unos 800.000 turistas anuales.
Es un número considerable para un lugar que durante décadas se sostuvo casi exclusivamente por el silencio de sus propios visitantes: los que remaron de noche entre cipreses centenarios, sin más luz que la de las estrellas, y volvieron a contarlo.
