La playa de Punta Molentis, en el municipio de Villasimius, al sureste de Cerdeña, restringe desde este verano el uso de sombrillas y otras estructuras de sombra.
Según la nueva normativa, solo las familias con niños de hasta diez años y las personas mayores de 65 podrán instalar una sombrilla.
El resto de los bañistas, es decir, quienes tienen entre 10 y 65 años, deberán prescindir de cualquier tipo de protección solar fija, ya sean sombrillas, carpas o gazebos.
La medida responde a un incendio forestal que afectó la zona en julio de 2025.
Durante aquel episodio, la evacuación de la playa resultó especialmente complicada por la cantidad de sombrillas instaladas una junto a otra. Esa acumulación, según las autoridades, bloqueaba los accesos, generaba riesgos adicionales e impedía ver el mar, lo que terminó de justificar la decisión.
Punta Molentis se encuentra a poco más de una hora de Cagliari, la capital de Cerdeña. Es conocida por su arena blanca y sus aguas de tonos turquesa, que recuerdan a paisajes caribeños.
Esa combinación la convirtió en una de las postales más compartidas de la isla. Al mismo tiempo, en uno de los puntos con mayor concentración de visitantes durante los meses de verano.
La saturación de la playa, sumada a la ausencia de establecimientos privados que distribuyan el espacio de forma ordenada, había generado un escenario donde cientos de sombrillas se ubicaban prácticamente sin separación entre sí.
A esta restricción se suma el cobro de una tarifa de acceso de 10 euros por persona, vigente desde el 5 de junio hasta finales de octubre. Las personas con discapacidad y sus acompañantes quedan exentas del pago.
Además, el municipio limita el ingreso de vehículos a un máximo de 70 por día. Con esta medida se busca controlar la afluencia en una de las playas más fotografiadas del sur de la isla.
La decisión no ha pasado inadvertida entre los visitantes.
Las reacciones en redes sociales incluyen críticas y comentarios irónicos sobre cómo los bañistas de mediana edad deberán resguardarse del sol sin ningún tipo de cobertura.
Las autoridades locales, sin embargo, sostienen que no había alternativa. Regular el uso de sombrillas era la única forma de evitar que se repitiera la saturación que complicó la respuesta de emergencia durante el incendio.
El municipio remarca, además, que la medida también busca proteger el ecosistema costero, afectado todavía por las consecuencias del fuego del año pasado.
Una medida que se suma a la de otras playas italianas
Punta Molentis no es un caso aislado dentro del paisaje normativo de las playas italianas.
En distintos puntos de Cerdeña ya rige la prohibición de retirar arena de la costa, con multas que pueden alcanzar los 3.500 euros. Incluso en varias localidades los bañistas deben usar esterillas de paja en lugar de toallas para evitar que la arena quede atrapada en los tejidos.
En Ostia, cerca de Roma, varias playas han sufrido cierres esta temporada después de que las autoridades capitalinas determinaran que varios establecimientos cobraban tarifas irregulares o carecían de permisos para alquilar sombrillas y tumbonas en arena pública.
El conjunto de medidas refleja una tendencia que se repite en buena parte del litoral italiano.
En distintas regiones, quienes llegan a la costa en embarcación enfrentan límites horarios de 90 minutos.En otros casos, el acceso a la arena requiere reserva previa a través de plataformas en línea.
Estas restricciones, que hace algunos años resultaban excepcionales, comienzan a formar parte habitual de la gestión del turismo costero en Italia. Las medidas se dan sobre todo en aquellos puntos donde la llegada masiva de visitantes choca con la capacidad real del territorio.
En Punta Molentis, la combinación de tarifa de entrada, límite de vehículos y restricción de sombrillas convierte a esta temporada en la más regulada de su historia reciente.
Hasta hace pocos años, la playa se promocionaba precisamente por la posibilidad de instalarse libremente frente al mar, sin las limitaciones propias de los establecimientos privados de playa.
Ese mismo atractivo es, según las autoridades locales, lo que terminó generando el problema que hoy buscan resolver.
