Simonetta Vespucci murió en Florencia la noche del 26 de abril de 1476, a los 23 años. Durante más de cinco siglos la causa oficial de su muerte fue la tuberculosis.
Un estudio publicado el 12 de junio de 2026 en la revista Endocrinology, Diabetes & Metabolism propone otra explicación: un tumor en la glándula pituitaria que desembocó en una hemorragia aguda, una emergencia médica conocida como apoplejía hipofisaria.
La investigación está firmada por Domiziana Nardelli, residente de otorrinolaringología en la Università Campus Bio-Medico di Roma, junto con Paolo Pozzilli, profesor de investigación clínica en Queen Mary University of London, y colegas de la Universidad de California.
El mismo equipo había planteado en 2019 que Vespucci pudo padecer un adenoma hipofisario, a partir de cambios visibles en su rostro entre distintos retratos de Botticelli.
El nuevo trabajo suma documentos de la época y concluye que fue la expansión de ese tumor, y no una infección pulmonar, lo que provocó su muerte.
Una musa retratada cinco veces
Simonetta Cattaneo nació alrededor de 1453 en la región de Liguria. Años más tarde, en 1469, se casó con Marco Vespucci, miembro de una familia de banqueros florentinos emparentada con el navegante Amerigo Vespucci.
En Florencia se integró rápidamente en los círculos de poder de los Médici. El humanista Poliziano la llamó la Sans Par (“la sin par”) y mantuvo con Lorenzo y Giuliano de Médici una relación cercana, aunque de naturaleza discutida por los historiadores.
Sandro Botticelli, admirador y amigo cercano de Vespucci, la pintó en cinco ocasiones. Es, de hecho, ampliamente considerado su modelo de referencia para el rostro de Venus en El nacimiento de Venus.
Cuando ella murió, su cuerpo fue expuesto vestido y con el rostro descubierto, el mayor homenaje reservado a las figuras ilustres del Renacimiento florentino, y fue enterrada en la iglesia de Ognissanti.
En 1510, ya al final de su vida, Botticelli pidió ser enterrado a los pies de la tumba de Vespucci.
Qué encontraron los investigadores
El equipo reconstruyó los últimos días de Vespucci a partir de correspondencia entre Piero Vespucci y Lorenzo de Médici.
Según esas cartas, ella se desplomó durante un baile y pasó sus últimas horas en una habitación a oscuras, con dolores de cabeza intensos, alucinaciones, vómitos y fiebre alta.
Para los autores del estudio, ese cuadro clínico coincide con una apoplejía hipofisaria, un episodio en el que un tumor de la hipófisis sufre una hemorragia o crece de forma repentina, y que puede provocar pérdida de visión, confusión y un colapso hormonal acelerado.
Los investigadores señalan dos episodios, en los meses previos a la muerte de Vespucci, que pudieron haber desencadenado el sangrado del tumor.
Por un lado, el esfuerzo físico del baile en el que se desplomó. Por otro lado, un encuentro con Alfonso II de Aragón, duque de Calabria, del que algunas crónicas de la época sugieren un ataque violento. No obstante, los propios autores reconocen que la exactitud histórica de ese relato es incierta.
Lo que los retratos pudieron haber registrado sin saberlo
Para respaldar la hipótesis, el equipo aplicó un algoritmo de reconocimiento facial basado en aprendizaje profundo a cinco retratos de Vespucci pintados por Botticelli. El objetivo era encontrar variaciones en los rasgos del rostro compatibles con el crecimiento progresivo de un tumor.
Según Pozzilli, la Alegoría de una mujer, de Botticelli, muestra a Vespucci en actitud de amamantar, pese a que se sabe que no tuvo hijos. El equipo interpreta este detalle como un posible signo visual de un adenoma secretor de prolactina y de hormona del crecimiento.
La investigación plantea, además, que el estrabismo de Venus en El nacimiento de Venus, celebrado durante siglos como un rasgo de belleza y recato, podría tener el mismo origen. Pozzilli prepara un nuevo artículo centrado específicamente en ese detalle.
Los propios autores son cautelosos: no existe tejido, radiografía ni forma alguna de examinar directamente a Vespucci 550 años después de su muerte.
Toda la reconstrucción se apoya en pinturas, cartas y razonamiento clínico aplicado a distancia, lo que convierte el diagnóstico en una hipótesis sólida, pero no en una certeza médica.
