En 1964, durante las excavaciones de la calzada del faraón Unas, en la necrópolis de Saqqara, un equipo dirigido por el egiptólogo Ahmed Moussa abrió una mastaba que había permanecido intacta durante más de 4000 años.
En sus muros aparecían dos hombres, Niankhkhnum y Khnumhotep, representados juntos en escenas reservadas habitualmente a un matrimonio.
La tumba, situada a apenas veinte kilómetros de El Cairo, pertenece a la dinastía V y fue construida antes del reinado de Unas, ya que se encuentra bajo su calzada.
Ambos hombres compartieron el cargo de supervisores de los manicuristas reales al servicio del faraón Nyuserra, además de ostentar los títulos de confidentes reales y sacerdotes del templo solar del monarca.
Desde su descubrimiento, las escenas de la mastaba han generado un debate que sigue abierto entre los especialistas.
La razón está en los relieves. En varias escenas, los dos hombres aparecen abrazados, con los rostros juntos en un gesto (nariz con nariz) que en el arte egipcio representaba un beso, y ocupando posiciones que las convenciones funerarias reservaban a las parejas.
La hipótesis de la pareja homosexual
Para una parte de la egiptología, estas imágenes constituyen el primer testimonio conocido de una pareja del mismo sexo en los registros históricos.
Los investigadores Thomas Dowson y Greg Reeder fueron de los primeros en defender esta lectura de forma contundente, apoyándose en la naturaleza de las composiciones.
El argumento central es que la iconografía empleada coincide, escena a escena, con la que se utilizaba para representar a un hombre y su esposa.
En la antigua tradición funeraria egipcia, ese tipo de cercanía física entre dos figuras tenía un significado preciso, y no se aplicaba de forma habitual a hermanos o colegas.
Un detalle adicional alimenta esta interpretación.
En una escena de banquete, la imagen de la esposa de Niankhkhnum aparece deliberadamente borrada, mientras que en otras representaciones es Khnumhotep quien ocupa el lugar que habría correspondido a la esposa de Niankhkhnum.
Para quienes defienden esta teoría, ese desplazamiento no sería casual.
La teoría de los hermanos
La lectura más extendida durante décadas sostiene que Niankhkhnum y Khnumhotep eran hermanos, posiblemente mellizos.
Esta interpretación se apoya en un dato que ninguna de las otras teorías puede ignorar: ambos hombres aparecen casados, con esposas e hijos representados con regularidad en la decoración de la tumba.
Para los partidarios de esta hipótesis, una relación romántica entre ambos resultaría incompatible con la presencia constante de sus respectivas familias en los muros.
Compartieron además la tumba, un privilegio que en el Imperio Antiguo se otorgaba sobre todo a parientes cercanos o a personas unidas por vínculos familiares muy estrechos.
Los propios nombres de los difuntos reforzaban esta lectura simbólica. Ambos incluían la raíz egipcia hnm, vinculada al dios Khnum y también al verbo “unir”.
La combinación de los dos nombres podría traducirse como una declaración de unión en vida y en la muerte, algo coherente tanto con un vínculo fraterno como con cualquier otra forma de lazo profundo entre ellos.
La hipótesis de los gemelos unidos
Una tercera lectura, más reciente y también más controvertida, propone que Niankhkhnum y Khnumhotep podrían haber sido gemelos unidos físicamente, es decir, siameses.
Esta teoría parte de la misma base que la de los hermanos, pero intenta explicar un elemento que las otras dos no resuelven con claridad: la extrema cercanía física representada en los relieves.
De confirmarse, esta hipótesis convertiría a la pareja en uno de los primeros casos documentados de gemelos unidos en el registro arqueológico egipcio.
Sin embargo, no existen pruebas físicas, como restos óseos, que permitan sostener esta idea más allá de la lectura de las escenas murales, por lo que sigue siendo la teoría con menor respaldo entre los especialistas.
Un enigma que persiste 4000 años después
Ninguna de las tres hipótesis ha logrado imponerse de forma definitiva.
La falta de textos que describan explícitamente la naturaleza del vínculo entre ambos hombres, sumada a la escasa documentación que se conserva sobre la vida privada en el Antiguo Egipto, mantiene la cuestión abierta.
Lo que las distintas teorías comparten es el reconocimiento de algo poco frecuente para la época: dos hombres que decidieron, fuera cual fuera su relación, ser representados juntos para la eternidad, en una tumba pensada para perdurar más allá de cualquier explicación posterior.
La mastaba fue restaurada por una misión alemana a finales de la década de 1970 y abierta al público en 1990.
Hoy sigue siendo, dentro de la vasta necrópolis de Saqqara, la única tumba donde dos hombres aparecen abrazados, con las manos unidas, mirando en la misma dirección.