Valle Arcoíris, la zona más mortal del Everest

El Valle Arcoíris en el Monte Everest alberga los cuerpos congelados de más de 300 escaladores.
23.12.2025
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El 29 de mayo de 1953, el alpinista neozelandés Edmund Hillary hacía historia, convirtiéndose en el primer ser humano en alcanzar la cima del Monte Everest.

Acompañado del sherpa nepalí Tenzing Norgay, que muchas veces es olvidado en esta cuestión, el montañero lograba coronar la cima del mundo, uno de los últimos lugares que el hombre aún no había conquistado. La hazaña sigue siendo meritoria décadas más tarde, aunque las cosas han cambiado mucho.

Hoy por hoy, el monte Everest se ha convertido en un lugar casi de peregrinaje turístico. Lo que antes era una tremenda aventura, actualmente se vende casi como una ruta de montaña para la que hay que ir simplemente bien preparado.

Decenas de compañías organizan viajes para coronar el Everest, a los que se pueden apuntar turistas de todo el mundo. Basta con tener el equipo adecuado y algo de forma física. Muchos piensan que se ha llegado a banalizar la epopeya de alcanzar la cima más alta del planeta.

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Tanto es así, que hoy por hoy parece que cualquiera puede hacerlo. Sin embargo, la historia del Valle Arcoíris, una de las zonas más mortales del Everest, nos deja claro que el peligro sigue siendo extremo cuando intentamos alcanzar el cielo sin la preparación adecuada.

El último lugar de descanso de cientos de montañeros

El conocido como Valle Arcoíris es una zona a gran altitud en el Monte Everest. Estamos hablando de un pequeño valle situado por encima de los 8.000 metros, uno de los puntos más importantes a la hora de ascender a la cima, que todavía queda casi un kilómetro más arriba.

El nombre aparentemente bucólico de este lugar esconde, sin embargo, una oscura realidad. Se le conoce como Valle Arcoíris por la gran cantidad de chaquetas de colores que se pueden ver en la nieve, contrastando con el blanco de la zona. Las chaquetas pertenecen a los cuerpos sin vida de muchos montañeros que perecieron en este lugar, ya fuera subiendo o bajando al monte.

Los cuerpos, más de 300 según las estimaciones, se quedan en este pequeño valle sin recuperar, ya que en muchas ocasiones cuesta demasiado rescatarlos. El hielo y la nieve los cubren casi por completo, pero las coloridas chaquetas todavía llaman la atención ante el blanco pulcro de la estampa de alta montaña.

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Es un espectáculo dantesco, que nos pone enfrente de la auténtica realidad de este lugar. La ambición del hombre chocando de frente con las inclementes fuerzas de la naturaleza. Una lucha en la que muchos no salen con vida.

En los últimos años, los permisos para subir al monte Everest han crecido mucho, permitiendo multitud de expediciones. Esto también ha provocado que cada vez sean más las personas que pierden la vida, no solo en el Valle Arcoíris, sino a lo largo de todo el viaje. Una ascensión que suele tardar varios días, y que se vuelve muy complicada cuando se llega a cierta altura.

Y es que el valle se convierte en una trampa mortal.

Sin oxígeno, con frío extremo y con pocas energías

Las condiciones que imperan en el Valle Arcoíris son un auténtico desafío incluso para los montañistas más experimentados. Hablamos de un lugar relativamente “calmado” en lo que a picos agrestes se refiere, pero en el que se dan temperaturas inferiores a los 50 grados bajo cero, dependiendo de la época del año.

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Como si el frío extremo no fuera suficiente, el oxígeno disponible a tanta altitud es de solo un tercio del total que solemos respirar. Por tanto, permanecer durante mucho tiempo en la zona puede ser una gran equivocación, especialmente si no andamos sobrados de fuerzas.

El mal de altura, los vértigos y la congelación son los principales enemigos en el Valle Arcoíris. Muchas de las muertes que se han producido en esta zona no se deben a caídas ni a avalanchas, sino simplemente al propio frío, o a las condiciones tan adversas que sufren los que deciden acampar aquí.

Con las fuerzas flaqueando, el lugar parece perfecto para descansar un poco antes de la subida a la cima. Sin embargo, esta trampa mortal puede ser el último descanso para muchos alpinistas.

De ahí que sus cuerpos permanezcan en la nieve, con las coloridas chaquetas llamando la atención.

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Subir al Monte Everest no debería verse como una diversión, ni siquiera como una excursión exigente. El lugar es todo un reto, y así lo deberíamos entender, porque no todos están preparados para sobrevivir a esta aventura.

Y es la propia montaña la que se encarga de recordarnos, en este Valle Arcoíris, que la ambición puede llevarnos demasiado lejos si no sabemos respetar a la naturaleza.

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