El símbolo más misterioso de las Islas Canarias tiene una historia trágica

En 1730, un volcán en Lanzarote destruyó una boda y condenó al novio a vagar entre las llamas para siempre.
25.05.2026
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La isla de Lanzarote es una de las más peculiares y sorprendentes del archipiélago de Canarias, situada frente a la costa africana y perteneciente a España.

De hecho, estas islas son, junto con las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, los últimos territorios bajo bandera española fuera de la península Ibérica.

Las Canarias se han convertido en un auténtico paraíso turístico no solo para los propios españoles, sino también para miles de europeos y americanos, que llegan a estas islas para disfrutar del sol casi perpetuo en unas temperaturas envidiables de eterna primavera.

Aunque hay islas más populares, como Tenerife o Gran Canaria, Lanzarote ha logrado encontrar su sitio en este archipiélago gracias a una historia peculiar llena de leyendas populares.

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Si a esto le sumamos una variedad de paisajes absolutamente imposibles de encontrar en cualquier otro lugar de las islas, Lanzarote no tarda en llamar la atención.

Uno de los enclaves más importantes al respecto es el Parque Natural del Timanfaya, que se extiende por la costa occidental de la isla.

Este lugar ha servido como set de rodaje para películas y documentales y es conocido por su terreno casi marciano y volcánico.

Lo más curioso es que, nada más llegar, lo primero que nos recibe en este entorno sorprendente es un pequeño diablo, que tiene una gran historia que contar.

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Un diablo surgido de una terrible tragedia

A muchos les llamará la atención encontrarse con este pequeño diablo como imagen misma del Timanfaya, símbolo del parque natural.

La historia que relata su origen es trágica y explica a la perfección la elección de este personaje como representante de la zona.

La leyenda cuenta que el 1 de septiembre de 1730 las famosas Montañas de Fuego, volcanes ubicados dentro de esta reserva natural, entraron en erupción, escupiendo lava y gigantescas rocas por toda la zona.

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Justo en aquel día, una joven pareja celebraba su boda a los pies del volcán, ya que sus casas estaban muy cerca del lugar. Al sentir la erupción, los invitados salieron despavoridos buscando refugio en cualquier lugar que les permitiera ponerse a salvo de la lava.

La novia no tuvo tanta suerte. Una de las primeras rocas expulsadas por el volcán cayó justo sobre ella, aplastándola. El novio, incrédulo, trató de salvarla por todos los medios. Se hizo con una forja, un instrumento similar a un tridente, pero con cinco puntas y, ayudado de la herramienta, trató de liberar a su amada. Por desgracia, cuando logró levantar la roca, ya había fallecido.

El joven tomó el cuerpo inerte de su amada y corrió, cargándola, por todo el valle, intentando encontrar refugio. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Todo el terreno estaba consumido por la lava y las llamas y le sería imposible llegar a la población segura más cercana.

Desde allí, los vecinos que sí habían podido salvarse llegaron a observarle desde lejos, con su figura recortada contra la luz de la luna, alzando la forja de cinco puntas y maldiciendo su suerte.

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Le apodaron “pobre diablo” y nunca más se volvió a saber de él.

Sin embargo, durante los siglos siguientes, muchos han sido los que aseguran haber visto esa silueta del joven enamorado, transformado ya en un auténtico diablo, correr desesperado por el valle, como cumpliendo su destino maldito.

Una leyenda convertida en símbolo

El terreno del Timanfaya, de extrema singularidad, se convirtió en Parque Natural en el año 1974, con la intención de cuidar y conservar no solo el entorno volcánico, sino también la fauna y la flora autóctonas.

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El célebre diseñador local César Manrique ideó el centro de visitantes y creó también la figura del diablo con la forja de cinco puntas para dar la bienvenida a los que llegasen al parque.

El diablo representaba el camino hacia el “infierno volcánico” que se escondía en el corazón del Timanfaya. Es curioso adentrarse en un terreno que parece sacado de una película de ciencia ficción y que hoy en día se puede visitar de diversas formas, incluida una interesante ruta en autobús por las faldas de los volcanes.

Además de la leyenda del pobre diablo de Timanfaya, se cuenta también que existe una maldición sobre las piedras del territorio. Muy apreciadas por su singularidad, no han sido pocos los que han decidido llevárselas como souvenirs tras visitar el parque.

Sin embargo, hace unos años, se conoció la historia de un turista alemán que regresó a Lanzarote exclusivamente para devolver unas cuantas piedras que se había llevado de Timanfaya. Aseguraba que desde que las sacó del parque, había sufrido innumerables desdichas. Una advertencia también para todo aquel que quisiera seguir su ejemplo, desde luego.

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El Parque Natural del Timanfaya es hoy por hoy la atracción turística más visitada de Lanzarote, que cuenta también con otros puntos muy interesantes relacionados con el ya mencionado César Manrique. Su casa, el hogar donde creaba sus obras, es una auténtica maravilla arquitectónica y vanguardista.

Las Cuevas de los Jamases del Agua, ubicadas en el norte, suponen también una visita ineludible para todo aquel que llegue a la isla, por la exuberancia de sus piscinas interiores y el espectacular trabajo realizado en la roca.

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