Halloween es ya a estas alturas una celebración global. Alejada del significado primitivo de aquel Samhain celta, y rivalizando en muchos lugares todavía con el día de Todos Los Santos, que es el 1 de noviembre, la fiesta más terrorífica del año ha ido ganando adeptos desde hace décadas, gracias a su expansión a través de películas, series y literatura, principalmente norteamericana.
El Halloween que conocemos no nace en Irlanda, ni siquiera en Europa. Es una mescolanza de fiestas que, tras pasar por el filtro del marketing estadounidense, tomó su forma definitiva ya en los años 70. La aparición de la película homónima, clásico del terror dirigido por John Carpenter, supuso el salto definitivo al mainstream de una celebración que sigue siendo muy popular en todo el mundo.
Y por supuesto, si hubiera que buscar una capital mundial de Halloween, uno miraría en Estados Unidos antes que en ningún otro lugar. ¿Salem, por sus famosas brujas? ¿Maine, el estado donde Stephen King ha ubicado la mayoría de sus terroríficas creaciones? Nada de eso. La capital oficial de Halloween se encuentra en Anoka, una pequeña localidad de Minnesota, donde esta fiesta se vive de una forma muy especial.
Anoka, la ciudad que no quería bromas
El origen de Halloween, tal y como lo conocemos actualmente, sí que está en Irlanda.
Allí se celebraba una fiesta llamada All Hallows Eve, o Víspera de Todos los Santos, una conmemoración originalmente pagana que, como en tantas otras ocasiones, los cristianos se encargaron de “reinventar”.
El Samhain, la fiesta original, tenía que ver con la llegada del invierno y la oscuridad, y marcaba el inicio de la nueva temporada, casi como un “fin de año”.
Con el paso de los siglos, los irlandeses fueron amoldando esas tradiciones celtas a su idiosincrasia católica, y en el siglo XIX lo trasladaron a Estados Unidos, cuando tuvieron que abandonar la Isla Esmeralda por una terrible hambruna.
A principios del siglo XX Halloween ya comenzó a extenderse por todo el país. La tradición de disfrazarse de fantasma o monstruo también empezaba a calar, aunque su utilidad no era precisamente la de pedir dulces, sino la de hacer bromas pesadas bajo el manto del anonimato.
Y es aquí cuando llegamos a Anoka, esta pequeña población de Minnesota, al norte de Minneapolis.
En 1919, la noche de Halloween fue especialmente desastrosa en la localidad. A la mañana siguiente, el pueblo se despertó patas arriba. Destrozos, ganado suelto por las calles, robos… Las autoridades dijeron “basta”, y entendieron que la mejor forma de evitar el caos al año siguiente era convertir a Anoka en una fiesta durante toda la noche de Halloween.
El 31 de octubre de 1920, todo el pueblo de Anoka se volcó con la celebración de la noche más terrorífica del año. Se llevó a cabo un desfile multitudinario con la participación del propio alcalde, el departamento de bomberos y el de policía. Se incluyó a los vecinos más mayores, pero también a los niños, atrayéndoles con bolsas llenas de dulces y caramelos, ofreciéndoles una alternativa a las gamberradas habituales. Y por supuesto, aquel evento fue todo un éxito.
De hecho, se repitió al año siguiente, atrayendo a cientos de curiosos, y no ha parado de crecer desde entonces. En 1937, el propio Congreso de Estados Unidos otorgó a la población la calificación de Capital Mundial de Halloween, una marca que ahora defienden a capa y espada.
Halloween durante todo el año
Desde aquellos humildes inicios hasta los tiempos actuales, muchas cosas han cambiado en Anoka. La población sigue siendo modesta, con poco más de 17.500 habitantes, una cifra que se multiplica por cinco cuando llega el mes de noviembre. Sin embargo, no hay que esperar a la llegada del otoño para disfrutar de un escalofriante Halloween en este rincón de Minnesota, ya que en Anoka están de celebración durante todo el año.
Además de la simbología que ya se mantiene fija en las calles y plazas, con especial protagonismo de la mítica calabaza tallada, Anoka celebra varias fiestas relacionadas con Halloween durante todo el año. Hay concursos de disfraces, de tallado de calabazas, de preparación de dulces terroríficos… Y al llegar octubre, toda la población se vuelca con el mes más especial del calendario, adornando las calles y casas, casi como si fuera un auténtico parque de atracciones terrorífico al aire libre.
La población cuenta con bellos enclaves naturales y es un pueblo precioso muy cerca de la ciudad más grande del estado, pero es obvio que no llamaría tanto la atención a los turistas si no fuera por esta curiosa celebración.
Con la festividad convertida ya en una fiesta global, Anoka ha encontrado de nuevo el protagonismo en los turistas extranjeros que pasan la época otoñal en Estados Unidos, y deciden acercarse a disfrutar de este inmenso festival.
Con actividades para todos los públicos, lo que empezó siendo una medida para evitar las gamberradas de Halloween, ha terminado convirtiéndose en la seña de identidad de esta localidad. Y es que no hay ningún otro lugar del mundo que pueda reconocer, con orgullo, que es la Capital Mundial de Halloween.