cannabis de los escitas

Lo que el hielo de Siberia guardó 2.800 años: cannabis en el pelo de los escitas

Trenzas, un millar de semillas y rastros de THC en el pelo: el cannabis de los escitas acompañaba la despedida de sus muertos hace 2.800 años.
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Un hallazgo en las estepas siberianas acaba de transformar lo que la ciencia sabía sobre el consumo de plantas psicoactivas en el mundo antiguo.

Bajo una gruesa capa de suelo congelado, un equipo internacional de arqueólogos desenterró la prueba física más antigua, datada directamente, del consumo psicoactivo de cannabis de la que se tiene constancia.

El estudio, publicado en la revista Science bajo la dirección del arqueólogo Gino Caspari, concluye que los jinetes nómadas que habitaban la región hace 2.800 años consumían cannabis como parte de sus rituales funerarios.

El descubrimiento ocurrió en el yacimiento de Tunnug 1, ubicado en el valle de Uyuk, en la república rusa de Tuvá, al sur de Siberia.

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Allí se conserva un monumento funerario de madera y piedra de 140 metros de diámetro levantado por las primeras comunidades escitas en el siglo IX a. C. Gracias a la acción del permafrost (la capa del subsuelo que permanece helada todo el año), la materia orgánica enterrada en el lugar no se descompuso durante casi tres milenios.

Esa congelación natural permitió que prendas textiles, piezas de cuero, trenzas humanas y un millar de semillas de cannabis llegaran intactas hasta nuestros días.

La química del cabello que confirmó el cannabis de los escitas

Las sospechas sobre el vínculo entre las culturas nómadas y esta planta se remontan a la Antigüedad.

En el siglo V a. C., el historiador griego Heródoto escribió que los escitas quemaban semillas sobre piedras al rojo vivo dentro de tiendas cerradas para purificarse tras los funerales.

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Durante décadas, la arqueología solo había logrado rescatar braseros de bronce con residuos de cáñamo, sin poder demostrar que los asistentes inhalaran realmente el humo.

Para despejar la incógnita, los investigadores sometieron el cabello humano hallado en Tunnug 1 a pruebas de espectrometría de masas. El análisis químico detectó señales claras de cannabinol (CBN), un producto de la degradación del THC, y rastros débiles de tetrahidrocannabinol (THC) en la queratina del cabello.

Dado que estos compuestos pasan de la sangre al pelo mientras crece, el resultado indica que los individuos consumieron cannabis en vida.

Un millar de semillas junto al enterramiento principal

Junto a las muestras capilares, las excavaciones sacaron a la luz una vasta ofrenda botánica en la cámara central del túmulo.

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Los arqueólogos desenterraron las semillas oscuras de Cannabis sativa esparcidas alrededor del entierro principal. La datación directa por radiocarbono de seis de las semillas las sitúa a principios del siglo VIII a. C., un dato compatible con la cronología del monumento que descarta que procedan de estratos posteriores.

La presencia de una cantidad tan grande de semillas en la sepultura de una persona de alto rango refleja la importancia del cannabis en la cultura escita. En la actualidad, genetistas y biólogos analizan el ADN de estas semillas antiguas con el objetivo de reconstruir el perfil genético de aquellas variedades y compararlo con el de las que se cultivan hoy.

El ritual y la muerte en el Valle de los Reyes siberiano

El valle de Uyuk es conocido en el ámbito académico como el Valle de los Reyes siberiano debido a la enorme concentración de kurganes (grandes túmulos funerarios) que alberga.

Las dimensiones de Tunnug 1 y la presencia de decenas de caballos sacrificados en su perímetro revelan la magnitud de las ceremonias que acompañaban el entierro de sus líderes.

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Los sacrificios animales y el uso de plantas psicoactivas respondían a una misma visión del mundo. En la estepa, los rituales funerarios probablemente recurrían al humo de estas plantas para tender puentes entre la comunidad de los vivos y el espacio reservado a los muertos.

Un hito para la arqueología de las estepas

El trabajo de campo en Tunnug 1 continuará durante las próximas temporadas para explorar los niveles inferiores del túmulo y evaluar el estado de otros cuerpos atrapados en el hielo.

Los datos obtenidos hasta ahora sitúan el uso ceremonial de la planta más de tres siglos antes del relato de Heródoto.

La incorporación de los análisis químicos a la investigación histórica permite que los restos biológicos conservados en el subsuelo helado de Siberia revelen detalles precisos sobre la vida, las costumbres y el pensamiento de pueblos que recorrieron el territorio euroasiático sin dejar testimonios escritos propios.

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