En 2003, el escritor estadounidense Dan Brown publicó una nueva novela, la segunda protagonizada por su personaje más carismático, el experto en simbología Robert Langdon.
Brown había podido vivir tranquilamente de la escritura hasta ese momento, pero apenas era conocido en Estados Unidos, aunque algunas de sus novelas sí que habían sido traducidas al resto del mundo.
Sin embargo, aquel libro le convertiría en el escritor vivo más popular del momento. Hablamos, por supuesto, de “El Código Da Vinci”, la novela que batió todos los récords de ventas y cambió la forma en que se entendía el best seller.
La adaptación al cine no tardó en llegar, con Hollywood poniendo toda la carne en el asador y colocando a Tom Hanks al frente del reparto. En la película podíamos seguir las andanzas de Langdon por las localizaciones reales que aparecían en el libro, incluida una pequeña capilla ubicada al sur de Edimburgo.
Los productores pudieron rodar en el propio templo, con el auspicio de las autoridades, que sabían que era un reclamo turístico imperdible.
Dicho y hecho. De la noche a la mañana, la capilla de Rosslyn pasó de ser casi desconocida a convertirse en un lugar de peregrinaje de millones de curiosos, resueltos a descubrir los legendarios secretos que ocultan sus paredes.
Un templo muy especial
La capilla de Rosslyn se construyó en el siglo XV junto a la población del mismo nombre, a unas 8 millas al sur de Edimburgo.
El templo ya llamaba la atención en aquel momento por su majestuosidad. No es que sea enorme, porque, al fin y al cabo, es una pequeña iglesia, no una catedral. Sin embargo, sus formas ya dejan ver que no es un templo cualquiera.
Cuando cruzamos sus puertas, los ojos se quedan maravillados ante el alarde de maestría en las paredes, decoradas hasta el último centímetro, y por no hablar de los imponentes pilares que sostienen su techo y tienen mucho que contar.
Y es que, al parecer, la capilla se había proyectado como parte de un edificio mucho más grande. Sin embargo, la muerte de su impulsor, el caballero William Sinclair, puso fin a ese sueño, dejando el templo “a medias”.
El deseo expreso del caballero, descendiente de normandos, era adornar todo el edificio con numerosas escenas bíblicas, esculpidas en piedra. Un trabajo que tardó más de cuatro décadas en terminarse y que aún hoy, más de cinco siglos después, sigue llamando la atención. Y no solo por el extremo cuidado con que se representan escenas como la expulsión de Adán y Eva del Edén o la crucifixión de Jesucristo.
Resulta, cuanto menos, curioso que, junto a estas escenas bíblicas, en la capilla se puedan encontrar numerosas referencias paganas, con criaturas vinculadas incluso a la masonería.
El Pilar del Aprendiz es uno de los mejores ejemplos, repleto de simbología ajena al cristianismo, y cuenta con su propia leyenda. Según se dice, el albañil encargado de realizar el pilar era un gran maestro, al que se escogió para que copiara una columna que, originalmente, estaba en Roma.
Para cumplir su objetivo, el maestro acudió a la capital italiana, emprendiendo un largo viaje, para observar en persona el pilar original. Sin embargo, su aprendiz se quedó en Escocia, y soñando con el pilar terminado, lo dibujó y comenzó a trabajar en él.
A la vuelta del maestro, cuando este observó el pilar tan majestuoso, se dejó llevar por la envidia y la ira y asesinó al joven aprendiz. De ahí que el pilar lleve precisamente ese nombre.
Templarios, viajes imposibles y secretos esculpidos en la piedra
Desde su construcción, el templo estuvo muy relacionado con una supuesta pervivencia de los caballeros templarios, la mítica orden de sacerdotes guerreros cristianos que fueron eliminados por la propia Iglesia, supuestamente, por haber obtenido demasiado poder.
Distintas teorías apuntan a que los templarios eran los guardianes de uno de los grandes secretos de la humanidad: la continuidad del linaje sagrado de Jesús de Nazaret, que habría tenido descendencia junto a María Magdalena.
Esta teoría es usada por Dan Brown en “El Código Da Vinci” para hilvanar toda la trama de su libro, aunque no es de cosecha propia, ni mucho menos.
El caso es que Rosslyn sí que tiene relación con esos templarios, a través de la familia Sinclair, que descendía de los Saint Claire de Normandía.
Hay quien afirma que esta familia contaba con información privilegiada, que les había sido legada precisamente por los propios templarios, incluida la ruta hacia un nuevo territorio al otro lado del Atlántico.
¿Llegaron entonces los templarios a América antes que Cristóbal Colón? Lo curioso es que si nos acercamos a Rosslyn, podemos encontrar en uno de sus muros interiores una mazorca de maíz perfecta, representada décadas antes de que los españoles arribaran a las costas americanas.
La capilla también cuenta con símbolos paganos que hacen referencia a los cultos celtas muy extendidos en la época antigua en Escocia, con el Hombre Verde como representación de la primavera y la naturaleza.
Asimismo, se han encontrado 213 cajas que sobresalen de los arcos y pilares de la estructura y parecen estar relacionadas entre sí. Aunque no hay una teoría fija, una de las opciones más interesantes es que se trate de una secuencia musical, ya que las cajas pueden funcionar casi como notas y silencios si se adaptan a un pentagrama.
Más allá de sus misterios y leyendas, la capilla de Rosslyn es un lugar muy hermoso y un auténtico disfrute para la vista.
Gracias a su cercanía a Edimburgo, muchos turistas han decidido darse una vuelta por este templo tan especial, que no deja a nadie indiferente.