Si alguna vez has sentido que el mundo te queda pequeño, es porque aún no has puesto un pie en Chongqing.
Es posible que en las últimas semanas hayas visto en redes sociales un tren que, con total naturalidad, atraviesa el costado de un bloque de apartamentos de veinte plantas. O una plaza pública que, en realidad, es la azotea de un rascacielos. Esa es Chongqing.
Bienvenidos a la ciudad “8D”, el lugar donde los mapas de Google se rinden y el sentido de la orientación no es más que una simple sugerencia.
Ubicada en el suroeste de China, en la confluencia de los ríos Yangtsé y Jialing, Chongqing es una metrópoli de más de 30 millones de habitantes cuyo diseño urbanístico rompe con todos los esquemas.
Fisonomía de una ciudad futurista
Resulta difícil creer que una ciudad que brilla con pantallas LED gigantes tenga más de 3.000 años de historia. Se trata, de hecho, de una de las ciudades más antiguas del gigante asiático.
Chongqing fue la capital del antiguo Reino Ba y la capital provisional de China durante la Segunda Guerra Mundial. Las montañas y valles profundos que la rodean, sumados a su niebla casi perpetua, hicieron de ella una fortaleza natural y protegieron la ciudad frente al avance de los japoneses.
Esa misma geografía que antaño sirvió de defensa es hoy la razón de su fisonomía surrealista.
Al no haber terreno plano donde construir, Chongqing se erigió como un laberinto vertical de rascacielos, puentes y carreteras. Aquí, el concepto de “planta baja” es relativo. Imagina que puedes entrar a un edificio por la calle en el piso diez y salir por otra calle distinta en el piso uno.
Pero la grandeza de Chongqing no pasa únicamente por sus edificios que parecen nacer de los mismos acantilados o por las escaleras mecánicas que trepan las montañas. Su sistema de transporte es una proeza que merece mención aparte.
La famosa estación de Liziba (la que en redes sociales se ve como un monorraíl atravesando el edificio) parece generada por inteligencia artificial, pero no lo es. Simplemente fue la forma que encontraron los ingenieros para ganar espacio en una zona densamente poblada.
Su aspecto visual llama poderosamente la atención, aunque lo más increíble es el silencio. Gracias a una tecnología de neumáticos de goma, los vecinos del edificio apenas perciben una vibración similar a la de un lavavajillas.
Pero la locura no termina ahí. El Intercambiador de Huangjuewan es una pesadilla para cualquier conductor novel. Cinco niveles de carreteras, 20 rampas y ocho direcciones diferentes que se entrelazan como un plato de fideos. Si te equivocas de salida, prepárate para un tour de media hora por la periferia antes de poder dar la vuelta.
Y si de vistas hablamos, el Teleférico del Río Yangtsé es una parada obligatoria. Lo que antes era el transporte diario de los trabajadores hoy es una cápsula de cristal que sobrevuela el cauce del río y ofrece una visión privilegiada del skyline de la ciudad.

Curiosidades de una urbe que no duerme
Vivir en Chongqing es habitar una contradicción constante, algo que ocurre con frecuencia en las grandes ciudades.
Por ejemplo, mientras que en un rincón tienes el Monumento a la Liberación, rodeado de tiendas de lujo y pantallas digitales que emiten publicidad en 3D, a pocos metros puedes bajar unas escaleras de piedra empinadas hacia los “barrios bajos”, que conservan el espíritu de la vieja China.
Chongqing es la capital mundial del Hot Pot. No puedes irte sin probar su caldo picante, pero cuidado con la pimienta de Sichuan, que te adormece la lengua. Existe un restaurante, el Pipa Yuan, que ocupa una colina entera y tiene capacidad para casi 6.000 comensales. ¿Puedes imaginar eso?
Otra curiosidad son sus búnkers reconvertidos. Los mismos datan de la guerra, cuando se construyeron miles de refugios antiaéreos para proteger a la población. Hoy, esos túneles húmedos albergan desde paradas de metro hasta mercados de verduras, museos de vino y restaurantes de fideos.
¿Has visto “El viaje de Chihiro”? Si es así, cuando estés frente a Hongya Cave, su iluminación dorada te transportará a esta aclamada película de 2001.
Este complejo de 11 plantas, construido sobre un acantilado, imita la arquitectura tradicional de casas de madera y es otra de las maravillas de Chongqing. El contraste entre su estética y el horizonte moderno de la ciudad lo convierte en un punto de visita obligada. Además, desde aquí parten los barcos que navegan por el río Jialing y permiten apreciar Chongqing desde el agua.
Pero no todo es futurismo en Chongqing. Para ver su faceta más tradicional, hay que llegar al distrito de Shibati. Sus calles estrechas y adoquinadas evocan el pasado de la ciudad. Si bien es un sitio muy turístico, ofrece excelentes spots para redes sociales.

Chongqing y su vínculo con las Tres Gargantas
Hablar de Chongqing es hablar del río Yangtsé, y hablar del Yangtsé es, inevitablemente, referirse a la presa de las Tres Gargantas.
Además de ser un hito arquitectónico, la central hidroeléctrica más grande del planeta fue el motor que transformó a Chongqing de una ciudad portuaria regional en la megalópolis global que es hoy.
Situada a unos cientos de kilómetros río abajo, esta presa elevó el nivel del agua, lo que permitió que los barcos de gran calado llegaran hasta el corazón de la ciudad.
Esto convirtió a Chongqing en el puerto interior más importante del suroeste de China. Una puerta de salida directa al Pacífico para las fábricas de coches y de tecnología que brotan en sus colinas.
Claro que, como sucede con toda obra monumental, la construcción de las Tres Gargantas tuvo su cuota de nostalgia. Ciudades enteras y miles de hectáreas de tierra fértil quedaron sumergidas bajo el agua. Una enorme cantidad de personas tuvo que abandonar sus hogares y mudarse a los rascacielos que vemos en el horizonte.
Hoy, desde el puerto de la ciudad parten cruceros de lujo para recorrer los desfiladeros de Qutang, Wu y Xiling. En apenas unas horas, los turistas dejan atrás la tecnología de Chongqing para sumergirse en un paisaje de bruma y roca que ha inspirado la pintura clásica china durante milenios.
¿Cómo es la vida en la cima del mundo tecnológico?
A pesar de su aspecto de ciencia ficción, la vida en Chongqing mantiene una calidez humana que sorprende. A diferencia de la sobriedad de Pekín o del ritmo corporativo de Shanghái, aquí la gente es famosa por su carácter directo y su humor vibrante.
Es común ver a grupos de ancianos jugando al “mahjong” en mesas plegables justo debajo de un paso elevado por donde circulan miles de coches. O ver a los “bangbang men” (porteadores de bambú) que todavía suben y bajan mercancías por las infinitas escaleras de la ciudad. A la par, los robots de entrega autónomos circulan por las aceras de los barrios más nuevos.
La tecnología aquí es una herramienta de supervivencia. La cobertura 5G llega a los túneles más profundos y los sistemas de reconocimiento facial forman parte del día a día de Chongqing.
Sin embargo, nada de eso ha logrado borrar el alma de una ciudad que se niega a olvidar sus raíces fluviales y montañosas.