Tras doce siglos de silencio bajo la arena, el hallazgo de la ciudad perdida de Alejandro Magno en el sur de Irak marca un hito en la historia arqueológica del país.
Esta urbe, que hasta ahora se consideraba desaparecida, ha sido localizada en las inmediaciones de Jebel Khayyaber gracias a una impecable combinación de tecnología de teledetección, imágenes de drones y estudios geofísicos no invasivos.
Un equipo internacional de arqueólogos, liderado por el profesor Stefan Hauser de la Universität Konstanz (Alemania), ha devuelto al mapa este enclave portuario fundado en el 324 a. C. a orillas del río Tigris.
Conocida originalmente como Alejandría del Tigris y rebautizada posteriormente como Charax Spasinou, esta urbe fue uno de los últimos proyectos urbanísticos del conquistador macedonio antes de su muerte en el 323 a. C.
Sin embargo, por razones políticas y militares (entre ellas, la guerra entre Irán e Irak, que convirtió parte del yacimiento en zona militar), el trabajo de campo se pospuso durante décadas. Afortunadamente, esta urbe sobrevivió incluso a las guerras contemporáneas y hoy puede ser estudiada.
Tecnología frente al silencio del desierto
La localización de este asentamiento no dependió de palas, sino de sensores avanzados.
El redescubrimiento fue posible gracias a una pista olvidada desde los años 60, cuando el investigador británico John Hansman observó en fotografías aéreas de la Royal Air Force unas formas rectilíneas sospechosas.
Mucho antes, Plinio el Viejo, escritor y militar romano, ya había descrito con exactitud la ubicación de la ciudad: sobre una elevación artificial entre el Tigris y el río Euleo (Karun). En los años 60 existían sospechas sobre este punto geográfico, pero la zona permaneció inaccesible para la ciencia hasta 2014.
Tras el regreso arqueológico de ese año, el equipo de Hauser y sus colegas realizó más de 500 kilómetros de prospecciones a pie.
Aunque recopilaron miles de fragmentos de cerámica y ladrillos, fue el uso de fotogrametría mediante drones, imágenes de satélite y magnetometría de alta resolución lo que hizo resurgir el rostro de la ciudad. Con una mínima prospección de superficie, la tecnología permitió reconstruir virtualmente una metrópolis cuidadosamente planificada.
El diseño revela calles en forma de cuadrícula, enormes manzanas residenciales denominadas insulae y templos monumentales. También, canales de riego, un lago portuario interior y hasta un palacio rodeado de jardines.
Según los expertos, la escala y el diseño de esta urbe son comparables a los de la mismísima Alejandría, en Egipto.
Un puerto entre dos inundaciones
Charax Spasinou (la Alejandría iraquí) compartió con el resto de las ciudades fundadas por Alejandro Magno el propósito de ser un centro cosmopolita.
Entre el año 300 a. C. y el 300 d. C. Charax funcionó como una bisagra comercial entre Oriente y Occidente.
Su ubicación estratégica fue clave. ¿Por qué? Porque era el punto de entrada de productos exóticos que cruzaban Mesopotamia para abastecer a las capitales imperiales de Seleucia o Ctesifonte.
Por sus calles transitaban especias, metales preciosos, marfil y maderas como el palisandro, además de piedras semipreciosas y, probablemente, seda procedente de China.
Con una población estimada en cientos de miles de habitantes, la demanda de enseres y textiles de lujo consolidó a la ciudad como un eje del comercio global antiguo.
Pero su historia también estuvo marcada por la lucha contra el agua.
Poco después de su fundación en el 324 a. C., la ciudad fue destruida por crecidas fluviales.
Posteriormente, el rey sirio Antíoco V y, finalmente, el monarca árabe Hyspaosines la restauraron. Este último incluso levantó defensas masivas de casi diez kilómetros de longitud para proteger el casco urbano.
Sin embargo, con el paso de los siglos, la fuerza de la naturaleza impuso sus propias condiciones. La costa avanzó hacia el sur debido a la sedimentación fluvial acumulada, y el río Tigris modificó su curso.
Con el agua alejándose paulatinamente, el puerto perdió su funcionalidad y la ciudad vio mermada su influencia hasta que, finalmente, fue olvidada.
Una ciudad levantada para ser el corazón del comercio global acabó, paradójicamente, escondida bajo el polvo y los campos de cultivo.
No obstante, los investigadores esperan que las futuras excavaciones permitan rescatar del olvido una de las últimas huellas tangibles del paso de Alejandro Magno por el mundo.
