El megadeslizamiento de Batagay, una enorme depresión geológica situada en el extremo oriente de Rusia, aumenta su volumen en un millón de metros cúbicos cada año como consecuencia directa del deshielo acelerado del permafrost.
Esta pérdida de suelo, equivalente a la masa de 14 grandes pirámides de Giza, ha sido confirmada recientemente por un equipo de científicos tras un exhaustivo análisis de datos de satélite y mediciones de campo en la región de Yakutia.
Situado en las tierras altas de Yana, este fenómeno presenta actualmente una estructura de 990 metros de ancho que no deja de transformarse.
Según los resultados publicados en la revista Geomorphology, la pared frontal del cráter retrocede a un ritmo constante de 12 metros por año. ¿La causa? El calor ambiental, que funde el hielo que sostiene la estructura.
A medida que este borde va desapareciendo, quedan expuestas capas de suelo que han permanecido congeladas durante 650.000 años. Esto último otorga al sitio el valor científico de albergar el segundo permafrost más antiguo del planeta.
Esta expansión ha sido especialmente agresiva en la última década, periodo en el cual el ancho de la depresión aumentó en 200 metros.
No se trata solo de un crecimiento superficial, ya que la sección colapsada de la ladera (situada 55 metros por debajo del borde principal) continúa hundiéndose progresivamente mientras el hielo subterráneo se convierte en agua y sedimento líquido.
El límite físico: por qué crece hacia los lados y no hacia abajo
A pesar de la magnitud de esta pérdida de material, la investigación aclara que la expansión vertical de la “puerta al inframundo” está cerca de alcanzar su límite técnico.
Para comprender este proceso, se puede imaginar una cuchara raspando helado en un recipiente. El hielo representa el permafrost y, justo debajo, se extiende una capa de roca sólida conocida como roca madre. Al haberse derretido ya la mayor parte del hielo profundo, la “cuchara” geológica ha llegado prácticamente al fondo del recipiente.
Dado que apenas quedan unos metros de suelo congelado antes de tocar la piedra firme, la energía del deshielo ya no tiene espacio para perforar el terreno hacia niveles inferiores. Por este motivo, el crecimiento se concentra ahora exclusivamente en los bordes, provocando que el megadeslizamiento de Batagay se comporte como una mancha de aceite que se extiende sobre la superficie.
En definitiva, el cráter se está transformando en un plato cada vez más extenso porque ya tocó un fondo de piedra que le impide ganar profundidad.
Un archivo biológico y el mito local
Más allá de su impacto geológico, la “puerta al inframundo” funciona como un archivo natural que resguarda la memoria biológica de la región.
Equipos de paleontólogos han rescatado del interior de la depresión restos de mamuts, bisontes y alces que datan de hace 4.400 años. Uno de los descubrimientos más relevantes ocurrió en 2018, cuando se halló la momia de un potro de una especie extinta de caballo salvaje (Equus caballus lenensis) en perfecto estado de conservación, con una antigüedad estimada entre 30.000 y 40.000 años.
Esta acumulación de restos antiguos y la constante transformación del terreno han alimentado el misticismo entre los habitantes de la zona. Para algunos locales, el cráter es una entrada al mundo de los muertos, una creencia reforzada por los ruidos que emanan del interior.
No obstante, la ciencia ha comprobado que estos sonidos, a menudo descritos como escalofriantes, son el resultado de los constantes y masivos desprendimientos de tierra que ocurren al fundirse el suelo.
Un indicador de la fragilidad ártica
La cuantiosa pérdida de sedimentos en Batagay resulta excepcional incluso para los parámetros del Ártico, una región donde los fenómenos de deshielo rápido son cada vez más habituales.
Esta alteración irreversible del paisaje funciona como un indicador crítico de la vulnerabilidad de los suelos congelados ante el aumento de las temperaturas globales.
Más allá del impacto visual, el estudio de este sitio ofrece a la comunidad científica la oportunidad de analizar restos de ecosistemas antiguos que estuvieron atrapados en el hielo durante milenios.
Sin embargo, la velocidad de su degradación actual también plantea serias dudas sobre la estabilidad del terreno en el norte de Rusia y la posible liberación de gases de efecto invernadero que han permanecido almacenados en estas capas históricas.
