Según la vieja leyenda local, nadie que se atreva a cruzar el umbral de las criptas de Dargavs regresará para contarlo.
Situada al sur de Rusia, en la región de Osetia y muy cerca de la frontera con Georgia, la “Ciudad de los Muertos”, vista desde arriba, parece un cúmulo de casitas blancas con techos curvos, desparramadas en un valle rodeado por las montañas del Cáucaso.
Sin embargo, la belleza del lugar es engañosa. Esas curiosas construcciones no fueron diseñadas para los vivos, sino para albergar el descanso eterno de más de 10.000 almas.
La Ciudad de los Muertos de Dargavs recibe su nombre porque es, justamente, una de las necrópolis más enigmáticas del Cáucaso.
Puede que sean las leyendas, cuyo origen todavía es incierto, la belleza del entorno o quizás una combinación de ambas cosas lo que despierte el interés. Lo cierto es que es uno de esos sitios que atraen y alejan a las visitas al mismo tiempo.
El origen de la Ciudad de los Muertos: plagas, cuarentenas y creencias vinculadas a la muerte
A día de hoy, los historiadores aún no han terminado de comprender el origen del casi centenar de criptas de Dargavs.
Incertidumbre que sigue alimentando el misterio, y por supuesto, las leyendas y supersticiones en torno a la Ciudad de los Muertos.
Una de las teorías más fascinantes nos remite a los sármatas, pueblos nómadas de lengua irania que dominaron las estepas del sur de Rusia, Rumanía y Ucrania desde el siglo V a.C.
Sus descendientes, los alanos, se refugiaron en los desfiladeros del Cáucaso trayendo consigo una cosmovisión única: la convicción de que el cuerpo sin vida, al ser impuro, jamás debía tocar la tierra ni ser devorado por el fuego.
Esta tradición obligaba a elevar a los muertos en estructuras de piedra, rodeándolos de sus pertenencias más queridas para que el alma no partiese al más allá con las manos vacías.
Así, lo que hoy vemos como una ciudad fantasma fue, en su origen, un acto de respeto absoluto hacia la pureza de los elementos.
Sin embargo, la teoría más elaborada sitúa el origen de estas criptas en torno a los siglos XVII y XVIII, cuando la peste negra azotó la región de Osetia.
La evidencia sugiere que los distintos clanes construyeron casas de cuarentena para sus familiares enfermos. Así, los residentes infectados se resguardaban en estas criptas y debían permanecer allí para no contagiar a las personas sanas, esperando que finalmente la muerte viniese a por ellos.
Desde las pequeñas ventanas rectangulares que hoy los turistas observan con curiosidad, los infectados veían pasar sus últimos atardeceres sobre el Cáucaso. Las familias, manteniendo una distancia prudencial dictada por el miedo al contagio, les dejaban comida y agua en la entrada mediante largas varas de madera.
Conforme la peste avanzaba, la vida en Osetia se apagaba. Cuando el cuenco de comida permanecía intacto durante dos días seguidos, el pueblo sabía que una nueva alma se había unido a la quietud de Dargavs.
Los misterios en torno a las criptas de Dargavs
Son muchos los motivos por los que los enterramientos en Osetia despiertan el interés de historiadores y arqueólogos.
En primer lugar, se descubrió que muchos cuerpos fueron enterrados en ataúdes de madera con forma de barco. Incluso, se encontró un remo junto a uno de los cadáveres.
En un valle rodeado por las cumbres del Cáucaso, a cientos de kilómetros de cualquier costa, este detalle no pasó desapercibido cuando los primeros arqueólogos cruzaron el umbral de las criptas.
De hecho, este hallazgo ha alimentado décadas de debates académicos, hasta el punto de que sigue siendo un misterio sin resolver el cómo y el porqué de los barcos.
Aparentemente, la respuesta no está en el mapa, sino en la mitología. Para los antiguos osetas, el tránsito hacia el “reino de la luz” no era un camino de tierra, sino una travesía por el agua.
Se creía que un río caudaloso y oscuro separaba el mundo de los vivos del de los muertos. Sin un barco y un remo, el alma corría el riesgo de no poder cruzar la corriente y de permanecer para siempre en esta especie de limbo.
Al depositar a sus seres queridos en estas barcas talladas, les otorgaban el vehículo necesario para navegar hacia el descanso eterno.
Pero el viaje al más allá no terminaba con la barca.
Justo frente a la entrada de muchas de las criptas, se extiende una serie de pozos excavados en la roca. Este detalle también está cargado de simbolismo.
Según dictaba la tradición, había que arrojar una moneda en su interior. Si la misma golpeaba una piedra y emitía un tintineo claro, era señal de que el alma había completado su travesía. En cambio, si el resultado era un sonido confuso o el silencio mismo, significaba que el difunto aún no había sido aceptado en el paraíso.
Hoy en día, la Ciudad de los Muertos es una representación muy valiosa de la arquitectura y la cosmovisión osetas, de un pueblo que llegó a estar al borde de la extinción.
No solo la peste se cobró la vida de familias enteras, interrumpiendo años de linaje, sino que las supersticiones mismas fueron alejando a los pocos sobrevivientes.
Tras la Revolución de 1917, muchas de las criptas de Dargavs fueron saqueadas y los pocos habitantes que sobrevivieron a la pandemia comenzaron a alejarse del valle.
Muchos años más tarde, en el 2002, el desmoronamiento del glaciar Kolka terminó de aislar por completo a Dargavs, bloqueando su única vía de acceso.
Más allá de eso, las criptas de Dargavs siguen atrayendo a los viajeros amantes del misterio. A ellos los recibe una naturaleza virgen como pocas y un silencio profundo.
Una postal que poco podría vincularse con la muerte, pero que exige el más profundo de los respetos.
¿Se puede visitar la Ciudad de los Muertos de Dargavs?
Llegar a Dargavs implica una travesía por las entrañas del Cáucaso Norte.
La necrópolis se encuentra a unos 40 kilómetros de Vladikavkaz, la capital de la República de Osetia del Norte-Alania. Si bien puede parecer poco, esta distancia es engañosa cuando se trata de alta montaña.
El camino es tan desafiante como espectacular. La ruta serpentea a lo largo del desfiladero de Kurtat, recordándonos por qué este lugar permaneció oculto al mundo durante tanto tiempo. Tras el accidente del 2002, el acceso a Dargavs se volvió aún más precario.
Si bien hoy en día las comunicaciones han mejorado, el trayecto sigue exigiendo la pericia de un conductor que conozca el terreno y de un vehículo 4×4 capaz de lidiar con los desprendimientos e irregularidades del camino.
Una vez en Dargavs, no se aprecian grandes infraestructuras turísticas que suelen interrumpir la belleza de los sitios remotos. La necrópolis recibe a sus visitantes con una modesta taquilla y una advertencia implícita: estás entrando en un espacio sagrado.
Si vas a visitar Dargavs, intenta no asomarte por las pequeñas ventanas de las criptas. Todavía es posible ver restos óseos y fragmentos de los antiguos botes de madera en su interior. Tocar o fotografiar de manera irrespetuosa se considera una ofensa grave para los locales.
El atardecer es el mejor momento para apreciar la belleza del lugar, cuando los tonos rojizos contrastan con el blanco de las criptas.
Sin embargo, debido a la complejidad de las carreteras de montaña, se recomienda iniciar el regreso antes de que caiga la noche total.
Visitar Dargavs es un ejercicio de introspección, un recordatorio de que en este rincón de Rusia una delgada línea separa el mundo de los vivos y los muertos.

Que interesante una civilización tan antigua y alejada del mar y ponen una barca parecido lo que hacen al barquero