Los dragones son criaturas que han fascinado al ser humano durante siglos. Su espectacular figura de serpiente alada y sus facultades mágicas lo han convertido en protagonista de multitud de historias y leyendas por todo el mundo.
En España destacan, por ejemplo, la lucha de San Jorge contra el Dragón en la zona de Cataluña y en Extremadura, o el tradicional Dragón de Cuélebre en la zona de León y Asturias.
Sin embargo, hay una historia algo más desconocida, pero igual de fascinante, que surge en una localidad sevillana, a orillas de un pequeño río y a los pies de un imponente castillo. Es la historia del puente del Dragón, situado en Alcalá de Guadaíra.
El origen de la leyenda
Alcalá de Guadaíra es un municipio que se encuentra pegado a la ciudad de Sevilla por su lado este. Su imponente castillo domina todo el núcleo del pueblo, lleno de cuestas y calles empinadas.
Ese castillo sirvió como residencia a un rey moro en la época almohade. Se mudó a él junto a sus hijos y su esposa, para que ella se beneficiara de las bondades del agua y el aire puro de aquel vergel natural.
Se cuenta que el rey, estando en aquel castillo, le regaló a su hijo más pequeño, de nombre Yacoub, un precioso huevo de dragón.
Se lo había robado a unos piratas, y al parecer, era un objeto mágico que otorgaba facultades increíbles a aquel que lo poseyera. Yacoub llevó el huevo a las mazmorras del castillo y lo cuidó allí, abrazándolo cada noche, bajo la supervisión de una sirvienta normanda entendida en las artes mágicas.
Una de esas noches, al bajar Yacoub a revisar el huevo, este ya se había roto. Lo que el muchacho encontró no era otra cosa que un precioso dragón, con alas plegadas y patas pequeñas que terminaban en garras.
El muchacho siguió cuidando del animal, al que alimentaba con leche y pan de Alcalá, muy reconocido por su calidad y sabor. Así, el pequeño dragón fue creciendo en las grutas bajo el castillo, y Yacoub incluso llegó a montarlo, cuando se hizo mayor, para volar sobre él por el precioso cielo nocturno de Alcalá.
El dragón de Alcalá, protector del pueblo
El tiempo pasó, y por fortuna, la salud de la reina mejoró, de manera que toda la corte se preparó para volver a Sevilla. Sin embargo, justo cuando la comitiva estaba pasando por el único puente que daba acceso a la ciudad, debajo del propio castillo, un grupo de bandidos les cortó el paso. La situación era muy tensa, ya que iban a atacar en cualquier momento. De repente, una inmensa cortina de fuego apareció en ese momento, impidiendo que los asaltantes llegasen hasta la comitiva real.
Al mirar hacia el cielo, comprobaron que había sido el dragón quien les había atacado. Al verlo volar y lanzar llamaradas, los bandidos huyeron despavoridos y el rey y su familia pudieron respirar tranquilos.
Por desgracia, las llamas del dragón habían consumido por completo el puente. Estaban atrapados, y no había forma de cruzar para llegar a Sevilla. Al notarlo, el dragón sencillamente bajó hasta ellos y les dijo: “No os preocupéis, yo haré de puente”.
Y así, estirándose majestuoso por encima de las Riberas del Río Guadaíra, el dragón permitió el paso de la comitiva real camino de Sevilla, despidiéndose de su amigo y cuidador Yacoub.
Se cuenta que, desde entonces, el dragón ha vivido en las cuevas y grutas que hay bajo el castillo, siendo el protector de la ciudad de Alcalá de Guadaíra durante todo este tiempo. Incluso ha ayudado a los panaderos de la localidad, alimentando sus hornos con sus poderosas llamas. Dicen que por eso el pan de Alcalá es tan popular, y es que se hace con fuego de dragón.
El único puente figurativo de España
Tomando como base esta popular leyenda, hace dos décadas Alcalá de Guadaíra decidió hacerla realidad creando el primer puente figurativo de España a los pies del Castillo.
El proyecto contó con el trabajo del ingeniero José Luis Manzanares, y su diseño tiene influencias claras de la obra de Antonio Gaudí, por la utilización del trencadís, un mosaico colorido creado con azulejos.
El puente refleja la figura del dragón a lo largo de sus más de 100 metros de longitud, incluyendo una preciosa cabeza coronada por una cresta, y una cola puntiaguda. Se inauguró el 28 de marzo de 2007, y desde entonces protege el Castillo y la entrada a Alcalá desde Sevilla, como se cuenta en su leyenda. El paraje donde está ubicado es un remanso de paz y naturaleza, el entorno de las Riberas del Guadaíra, que es precisamente el río sobre el que cruza este puente.
Vale la pena visitar Alcalá de Guadaíra para dar un paseo por ese precioso entorno del río, repleto de molinos de agua, para probar su famoso pan alcalareño y, por supuesto, para saludar al dragón, protector del lugar.