En el desierto del sur de Perú, a 1.700 metros sobre el nivel del mar y con apenas tres milímetros de lluvia anual, los geoglifos de Nazca llevan más de dos mil años esperando ser leídos. Durante décadas, los arqueólogos los estudiaron desde el aire, a pie, con satélites y drones, convencidos de que el catálogo estaba casi completo. No lo estaba.
Un estudio conjunto entre el Instituto Nazca de la Universidad de Yamagata y el centro de investigación de IBM, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), documentó 303 nuevos geoglifos figurativos en apenas seis meses de trabajo de campo. Esto prácticamente duplica el número total de figuras conocidas en la pampa de Nazca.
El hallazgo fue posible gracias a un modelo de inteligencia artificial entrenado para detectar trazos en imágenes aéreas de alta resolución, en un área que supera los 400 kilómetros cuadrados.
303 figuras en seis meses: lo que tardó un siglo en hacerse a mano
El arqueólogo Masato Sakai lleva investigando los geoglifos desde 1994. En 2004 organizó un equipo de campo que combinó imágenes satelitales, fotografías aéreas y drones para estudiar el territorio. El problema era de escala. Recorrer manualmente toda la pampa e inspeccionar cada imagen de alta resolución habría exigido décadas. En 2018, un colega le recomendó incorporar la inteligencia artificial al proceso.
El modelo, desarrollado junto con IBM en Nueva York, fue preentrenado con un gran conjunto de imágenes aéreas y luego aplicado a la totalidad de la pampa de Nazca y los desiertos circundantes. Sus sugerencias fueron revisadas por arqueólogos, que seleccionaron 1.309 sitios con potencial. Una inspección de campo posterior permitió verificar los candidatos y confirmar las nuevas figuras.
El sistema resultó ser un acelerador extraordinario. En promedio, el equipo tuvo que revisar 36 sugerencias del modelo para encontrar un candidato viable. Eso representa un aumento de 16 veces en la tasa de descubrimiento respecto a los métodos anteriores.
Dos tipos de geoglifos, dos funciones distintas
El hallazgo no solo amplió el inventario. También cambió la comprensión sobre para qué servían estas figuras, al revelar que no todos los geoglifos de Nazca tuvieron el mismo propósito.
Los grandes geoglifos de tipo lineal representan principalmente animales silvestres y están distribuidos a lo largo de una red elaborada de figuras lineales y trapezoidales. El equipo concluye que fueron construidos y utilizados de forma comunitaria, probablemente para actividades rituales.
Son las figuras que hicieron famosa a Nazca: el colibrí, la araña, el mono de cola espiral, que solo son visibles desde gran altura.

Los geoglifos de tipo relieve, en cambio, representan principalmente motivos humanos o vinculados a la actividad humana: animales domésticos, figuras humanoides y cabezas decapitadas. Por lo general, están ubicados a distancia visual de los senderos sinuosos que atraviesan la pampa y parecen haber sido creados y observados individualmente o en pequeños grupos.
Para Sakai, estas figuras más pequeñas funcionaban como mensajes dirigidos a los viajeros que recorrían esos caminos. Según declaró a la agencia Andina, las figuras se sucedían a lo largo de las rutas como si transmitieran una secuencia de información, y cada sendero tenía su propio significado.
Lo que los geoglifos decían y lo que aún pueden perder
Entre los hallazgos más llamativos están los geoglifos que representan orcas portando armas. La imagen parece extraña, pero tiene paralelos directos en la cerámica de la misma cultura. Sakai explicó a la revista New Scientist que en la alfarería del período Nazca existen escenas de orcas con cuchillos cortando cabezas humanas, lo que permite identificar a estas criaturas como seres asociados al sacrificio humano dentro de la mitología local.
Ese vocabulario visual se repite en el resto de los nuevos geoglifos: llamas, peces, plantas, figuras humanoides y escenas de posible decapitación. Cada una de estas figuras, trazada entre el año 200 a.C. y el 700 d.C. mediante la acumulación o redistribución de piedras sobre la superficie del desierto, estaba pensada para ser leída por alguien que caminaba, no por alguien que sobrevolaba. El problema es que ese mensaje corre peligro.
Muchos geoglifos han sido dañados de forma accidental o deliberada, y la creciente frecuencia de inundaciones asociadas al cambio climático representa una amenaza adicional.
Sakai apunta que catalogar y mapear rápidamente estas obras frágiles podría ser decisivo para su protección futura. Con datos de LiDAR, el equipo planea identificar cuáles están en mayor riesgo de ser afectados por inundaciones severas. La finalidad es poder trabajar junto con el Ministerio de Cultura de Perú en medidas concretas de preservación.
Los 968 candidatos identificados por el modelo de IA que aún no han sido inspeccionados en campo podrían contener un número aún mayor de figuras desconocidas. La pampa de Nazca resistió más de dos milenios de viento y silencio. Hoy, el clima podría terminar en décadas lo que el tiempo dejó intacto.
