La monarquía británica es una de las más populares y longevas de la historia. Aunque hoy este tipo de estructuras nos parezcan anticuadas, casi sacadas de otra época, en el Reino Unido persiste un respeto profundo y difícil de erosionar hacia su realeza.
A lo largo de los siglos, muy pocos hombres han ostentado el título de rey de Inglaterra. Algunos dejaron una huella brillante; otros, un recuerdo más discreto. Todos, sin embargo, formaron parte de una historia cuidadosamente documentada… salvo una.
¿Puede alguien haber sido rey de Inglaterra por un solo día? La pregunta parece absurda desde el punto de vista histórico. Y, sin embargo, una antigua leyenda, transmitida durante generaciones, sostiene que hubo un hombre capaz de hacerlo.
Se trataba de un marinero español que llegó a Inglaterra a finales del siglo XV y, según la tradición, entabló una estrecha relación con Enrique VII, primer monarca de la casa Tudor.
Su nombre era Juan de Lepe y su historia, situada entre el mito y la realidad, sigue fascinando siglos después.
Un onubense de origen humilde
Si bien las crónicas de la época no son precisamente completas ni excesivamente exactas, se sabe que Juan de Lepe nació en esa localidad onubense, a mediados del siglo XV.
Lepe siempre ha sido un pueblo con una gran tradición marinera y Juan entendió desde bien joven que aquella vocación supondría su oportunidad para llegar a ser algo más que un simple zapatero o agricultor en aquellas tierras.
Se convirtió en marinero y empezó a viajar con regularidad por tierras lejanas.
Muchos apuntan a que su relación con el Reino Unido se deba al comercio de vino y otros manjares de su tierra, muy apreciados por los ingleses. Juan visitaría la isla en numerosas ocasiones y empezaría a hacer contactos allí, tal vez incluso aprendiendo el idioma, algo poco habitual en la época.
Su repercusión llegó a tal punto que incluso conoció a su majestad, el rey Enrique VII, que enseguida lo convirtió en uno de sus más fieles consejeros.
Es así como el humilde Juan de Lepe llegó a formar parte de la corte británica, como consejero y amigo personal del rey, aunque otros también le otorgan el rol de bufón.
El papel que desempeñaba el marinero onubense en la corte real británica tal vez sea un poco difuso, pero lo que sí parece evidente es que logró ganarse la confianza del monarca. Enrique VII disfrutaba mucho de la compañía de Juan de Lepe, sobre todo cuando jugaban partidas de cartas durante las largas veladas en el castillo.
Se dice que al rey inglés le gustaba apostar y que, además, solía ganar la mayoría de las partidas.
Fuera por su auténtico talento en el juego, o sencillamente porque sus adversarios preferían dejarle ganar, Enrique VII se enorgullecía de ser el mejor jugador del país.
Pero un día, Juan de Lepe le ganó una sencilla partida y aquello hizo que el rey británico perdiera los papeles y subiera su apuesta a todo o nada para la revancha.
Rey de Inglaterra por un día
Tras perder aquella partida contra uno de sus grandes amigos, Enrique VII entendió que aquello no podía quedarse ahí. Era un mal precedente para su fama como jugador imbatible.
Así que, convencido de que el marinero simplemente había tenido un golpe de suerte, aumentó su apuesta. Le pidió la revancha en aquel mismo instante y, tal vez llevado por el exceso de vino, decidió apostar la propia corona de Inglaterra como premio. Si Juan ganaba, se convertiría en rey de Inglaterra por un solo día, con todos los honores.
Juan de Lepe, pícaro como buen español, no tardó en aceptar aquella apuesta. Total, ¿qué tenía que perder? La partida transcurrió con gran tensión por ambas partes.
El rey ya no jugaba para divertirse; quería ganar. Y Juan no se iba a dejar avasallar tan fácilmente. En un último giro de los acontecimientos, el marinero español consiguió la mano ganadora y Enrique VII no tuvo más remedio que aceptar su derrota con deportividad.
Aquel español le había ganado justamente y merecía su recompensa. Así, Juan de Lepe se convirtió en rey por un solo día y en la propia isla británica se le conoce como el Pequeño Rey de Inglaterra.
Años después, tras la muerte de Enrique VII, Juan de Lepe regresó a su pueblo natal convertido en un hombre increíblemente rico.
Dicen que se llevó consigo a Lepe la mayoría de sus tesoros, incluyendo una pequeña corona que el propio monarca le entregó, como parte de su recompensa por la partida ganada. Pero aun con todo, Juan no olvidó sus orígenes.
Al volver a Lepe, cedió buena parte de su fortuna al pueblo para la construcción de casas y edificios, e incluso ayudó a construir el convento franciscano de Lepe, donde se guardó la Virgen de la Bella, patrona de la localidad.
Allí fue enterrado y su lápida fue descubierta décadas más tarde por el clérigo Francisco de Gonzaga, quien reprodujo el epitafio de Juan de Lepe y contó toda su historia con Enrique VII y la partida de cartas.
De esta forma, la fascinante narración de cómo un humilde lepero se convirtió en rey de Inglaterra ha llegado hasta nuestros días, inspirando relatos, documentales e incluso libros en la tierra natal de Juan.

Muy interesante