Capital de Malta, La Valeta fue fundada en el siglo XVI por la Orden de los Caballeros de San Juan, después de haber resistido el Gran Sitio Otomano de 1565.
Erigida en el mar con el objetivo de ser inexpugnable, se diseñó como una cuadrícula perfecta de murallas, bastiones y túneles secretos.
Y lo logró: no fue sino mucho más adelante, con la llegada de los ataques aéreos, que la ciudad fue alcanzada por la fuerza iracunda de sus enemigos.
Desde el mar, su perfil es imponente: se parce más a un barco de piedra encallado en el Mediterráneo que una ciudad.
Tras su resistencia al asedio otomano, La Valeta fue nombrada Humildísima Ciudad de La Valeta.
Posteriormente, con la construcción de bastiones y fortificaciones y con la aparición de la bellísima arquitectura barroca, pasó a llamarse Superbissima (algo así como “la más orgullosa”).
Humilde y orgullosa, comenzó como superviviente y a través de los años sobrevivió a la violencia que los hombres ejercen sobre otros hombres y también sobre las ciudades que construyen para resguardarse de la sed de poder de otros.
El aire barroco de La Valeta
Dentro de esas murallas, la sobriedad militar convive con un barroco exuberante. Iglesias como la Concatedral de San Juan, con sus suelos cubiertos de lápidas y su interior dorado, son muestras de la mezcla entre devoción y poder.
Las callejuelas empinadas y estrechas desembocan en balcones de madera pintada, y los cafés se funden en plazas silenciosas que parecen tener la cualidad de haber detenido el tiempo.
El aire barroco de la ciudad se entremezcla con otros períodos de la arquitectura: se pueden ver detalles renacentistas, neoclásicos y modernos.
También se pueden apreciar las marcas que dejó la Segunda Guerra Mundial en la ciudad.

Valletta, la capital más pequeña de la Unión Europea, pero con más monumentos por metro cuadrado que ninguna otra.
Resistir y renacer
Durante la Segunda Guerra Mundial fue atacada con furia, pero La Valeta volvió a ponerse de pie.
Antes de la gran guerra, la ciudad permanecía intacta con sus fortificaciones y sus emplazamientos, pero los ataques aéreos de Alemania e Italia lograron lo que nadie hasta ese entonces: penetrar en sus murallas con bombas.
La defensa de La Valeta constó solamente de tres aviones y fue esporádica. Ese gesto heroico le valió a Malta una Cruz de San Jorge.
Cada piedra restaurada es también una declaración: aquí, donde se cruzan imperios, la ciudad ha decidido permanecer, incluso si en el camino se han perdido cosas.
Por ejemplo, la majestuosiddad de su ópera, que cayó entre aviones y bombas. Pero hay más de veinticinco iglesias, también una variedad de teatros, sus jardines bajos y sus jardines superiores, sus museos de arqueología, guerra y bellas artes, y hay también fortificaciones.
Sus túneles subterráneos, utilizados para refugiarse de los ataques aéreos, siguen siendo un recuerdo tangible de la combinación entre fragilidad y resistencia.
Un mirador del Mediterráneo
Desde los Jardines Upper Barrakka, el puerto se abre como un escenario majestuoso: barcos, fuertes y aguas profundas que han sido transitadas por fenicios, árabes, normandos, franceses e ingleses.
Justo debajo se puede observar el Bastión de San Pedro y San Pablo, cuyos cañones marcaban el tiempo para los trabajadores y que hoy siguen siendo usados como un saludo para los locales y los turistas, dos veces al día.
El Fuerte de San Telmo es el lugar desde el que se pueden ver algunos de los mejores paisajes malteses. En su interior hay un museo de guerra con exposiciones de la Segunda Guerra Mundial y desde fuera se ve su fortificación inmensa, que fue la encargada de proteger a La Valeta durante el asedio del imperio otomano.
El horizonte, a la vez luminoso y vulnerable, resiste para ser un recordatorio de que esta isla siempre fue un premio codiciado en el juego de la historia.
En 1980, la ciudad de La Valeta fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es, además de hermosa y resistente, una de las áreas internacionales con mayor densidad de monumentos históricos.
En 2018, fue designada Capital Europea de la Cultura.
Otra superposición de caminos: el Patrimonio que remite a lo petrificado, la Cultura que remite a lo vivo.
Lo vivo que se siente en la zona de la calle Strait, con sus clubes y su festival de música jazz. También sus carnavales anuales, sus fiestas de patrones, sus procesiones.
Una ciudad detenida y el movimiento de los pasos sobre sus piedras y entre el agua.
Una ciudad en movimiento y la quietud de sus monolitos testificando que el movimiento no es nuevo, no es único, no es último.
Caminar por su extensión te hace sentir que las capas del tiempo se superponen: un pasado de caballeros y batallas, un presente de vida cotidiana y modernidad discreta, un futuro que busca cuidar lo que sobrevive.
Las murallas protegen y, al mismo tiempo, invitan a mirar hacia fuera, hacia el mar abierto.
La Valeta, ciudad de fronteras, parece decirle al viajero: aquí se resiste, aquí se recuerda, aquí la historia se sigue escribiendo.

Hermosa historia. Obvio, no es.única. Recorriendo Cuba, igualmente se encuentra una pequeña isla, con murallas de protección y cañones que la protegen. Hoy ya es un lugar turístico