En el sur de Perú existe un lugar arqueológico que muy pocos viajeros se dan el lujo de visitar: Choquequirao.
Mientras el mundo entero pone la mirada en la icónica silueta de Machu Picchu, este bastión de piedra permanece custodiado por el cañón del Apurímac, alejado del turismo de masas.
Si bien en los últimos años ha ganado visibilidad gracias a las redes sociales, los yacimientos situados a lo largo del Valle Sagrado siguen recibiendo el grueso de las visitas.
Gracias a ese aislamiento relativo, Choquequirao se preserva como uno de los mayores legados de un imperio que gobernó las montañas de Perú, Chile, Ecuador, Bolivia y Argentina.
Hoy, las ruinas de estas antiguas ciudadelas son una ventana para comprender la forma de vida y la cosmovisión incaica. En este sentido, Choquequirao, la hermana desconocida de Machu Picchu, es un libro abierto.
Oculta en una zona de difícil acceso en el nevado Salcantay, llegar a ella implica una aventura que nada tiene que envidiar al mítico y masificado Camino del Inca.
Si buscas experiencias auténticas en Perú, Choquequirao te las ofrecerá.
La historia detrás de las ruinas
Conocer un sitio arqueológico sin antes leer sobre su historia es como tratar de descifrar un poema en un idioma que no hablas. Puedes admirar la caligrafía, pero te pierdes el significado del mensaje.
Porque más allá de su emplazamiento, lo que engrandece a Choquequirao es todo lo que se oculta detrás de sus ruinas.
Si bien todavía queda mucho por excavar, se cree que, por su ubicación estratégica y sus dimensiones, la ciudad pudo haber sido un importante centro administrativo y de control dentro del imperio.
Esto último se ve reforzado por las similitudes con Machu Picchu. Ambas comparten un diseño biseccionado en sectores ceremoniales y agrícolas, una orientación astronómica precisa y el uso de andenerías que parecen desafiar las leyes de la física.
De acuerdo con las crónicas, la construcción de Choquequirao cobró una importancia vital hacia 1536. No solo servía de nexo entre Pisac y otros centros sagrados, sino que también se convirtió en el epicentro de la resistencia.
Mientras Cusco caía bajo el control europeo, este lugar sirvió de refugio para los Incas de Vilcabamba. Los españoles nunca llegaron a encontrarlo, lo que permitió que la ciudad permaneciera oculta y se convirtiera en el último bastión de un imperio que se negaba a desaparecer.
Finalmente, Choquequirao fue abandonada y cayó en el olvido, para ser redescubierta siglos más tarde.
Diferentes arqueólogos y exploradores pasaron por ella. Entre ellos, Hiram Bingham, quien caminó por sus terrazas en 1909, unos años antes de que el mundo oyera hablar de Machu Picchu. Irónicamente, Bingham no le dio la importancia que merecía en aquel entonces.
Lo mismo sucedió con las autoridades arqueológicas, que no se sintieron particularmente sorprendidas por el hallazgo.
No fue hasta finales del siglo XX que el gobierno peruano inició las excavaciones más importantes y las obras de restauración y conservación correspondientes.
En ese contexto se descubrió algo único: las Llamas del Sol, un conjunto de 22 figuras grabadas en piedra blanca en los muros de las terrazas agrícolas. Es el único sitio inca donde se ha encontrado este tipo de arte rupestre integrado en la arquitectura, lo que constituye una clara señal de que este lugar era un centro ritual de altísima jerarquía.
Hoy en día, el gobierno de Perú enfrenta una dicotomía latente. Por un lado, busca evitar repetir lo ocurrido en Machu Picchu, un sitio que, por su popularidad, terminó perdiendo parte de su magia. Por otra parte, busca potenciar el acceso mediante proyectos como un teleférico.
Si bien hasta el momento Cachora, el pueblo más próximo al sitio arqueológico, permanece ajeno al turismo de masas, no se sabe cuándo se convertirá en el próximo Aguas Calientes, un pintoresco enclave que hace de entrada a la ciudadela inca más famosa del planeta.
Por ahora, el silencio y la niebla siguen siendo los dueños del lugar.

Cómo llegar a Choquequirao: una travesía épica por las montañas peruanas
Aunque muchos viajeros eligen el Camino del Inca, lo cierto es que llegar a Machu Picchu es muy fácil gracias al tren que parte desde Cusco u Ollantaytambo. Afortunadamente, no podemos decir lo mismo de Choquequirao.
Para ver esta ciudad con tus propios ojos, deberás caminar durante tres o cuatro días por una de las rutas de senderismo más exigentes de la región.
La travesía comienza en la hermosa (y también caótica) ciudad de Cusco. Desde allí, deberás trasladarte por tu cuenta o contratar un paquete turístico hasta Cachora, donde oficialmente comienza el trekking hacia Choquequirao.
Si ya has hecho el Camino del Inca, notarás que esta ruta es más desafiante, ya que implica atravesar el cañón del río Apurímac. Las pendientes son pronunciadas y la altura se hace notar. Un desafío para los pulmones, las piernas y la mente, pero un regalo para el alma.
La ruta se divide en varios días y recorre varios hitos. El primero es el mirador Capuliyoc, desde el cual se obtienen vistas privilegiadas del Apurímac y de las ruinas de Choquequirao.
La siguiente parada es Chiquisca, donde se pasa la primera noche de campamento. La parte más exigente de la travesía corresponde al segundo día, cuando, tras unas 8 horas de caminata intensa, se llega finalmente al sitio arqueológico.
Los viajeros pasan la noche en los campamentos alrededor del recinto y emprenden el regreso a Chiquisca el tercer día, pasando por puntos como Playa Rosalina.
La última jornada comprende el tramo final hasta Capuliyoc, desde donde se regresa en combi a Cusco.
Entre ida y vuelta, habrás caminado 62 km y sorteado 1700 metros de desnivel, primero cuesta abajo y luego en un arduo ascenso por las montañas peruanas.
¿Ir de excursión o aventurarse por cuenta propia?
Esta es, probablemente, la pregunta del millón. Pues bien, podrás hacerlo de ambas maneras; todo depende del tipo de experiencia que quieras vivir.
La ventaja de los tours organizados es que incluyen guía, traslados desde y hacia Cusco, comidas (en algunos casos) y mulas que transportan el equipaje. Si vas por tu cuenta, tendrás que cargar la ropa de trekking, la bolsa de dormir, la tienda y los utensilios de cocina en una mochila. La libertad es absoluta, pero la carga es pesada.
Elijas lo que elijas, el impacto emocional es el mismo. Si Machu Picchu te puso la piel de gallina, estar en Choquequirao, sin hordas de turistas con palos de selfie, te llegará al alma.
Dependerá de los esfuerzos del gobierno de Perú, de las comunidades locales e incluso de los propios turistas lograr que estas ruinas se mantengan como lo que fueron: el último bastión de resistencia inca.
Hermosa descripción de lugares mágicos!!! Graciasss