El telescopio espacial James Webb acaba de producir el mapa más detallado de la estructura del universo hasta la fecha.
Un equipo de la Universidad de California en Riverside publicó esta semana en The Astrophysical Journal un catálogo de 164.000 galaxias que permite rastrear cómo se organizó el cosmos desde que tenía apenas mil millones de años hasta hoy.
El trabajo se basó en COSMOS-Web, el estudio más extenso realizado con este telescopio hasta la fecha. El área analizada equivale al tamaño de tres lunas llenas en el cielo. Dentro de ese espacio, el James Webb fue capaz de identificar estructuras que ningún otro instrumento había podido visualizar con tanta claridad.
Pero para entender la magnitud del hallazgo, antes es necesario entender qué se estaba buscando.
La red cósmica es la enorme estructura oculta que conecta las galaxias a través del espacio. Está formada por filamentos, láminas de materia oscura y gas que rodean regiones casi completamente vacías. Todo lo visible en el universo (planetas, estrellas, galaxias) cuelga de esa red, como polvo pegado a una tela de araña gigante.
Mapear esa estructura es, en cierto modo, mapear el esqueleto del universo. Y hasta ahora, nadie había podido hacerlo con suficiente resolución como para ver sus detalles más finos.
Por qué el James Webb puede ver lo que el Hubble no veía
El universo se expande. A medida que las galaxias se alejan, la luz que emiten se estira. Esa deformación la desplaza hacia el infrarrojo, la zona del espectro que el ojo humano no percibe. Cuanto más antigua y distante es una galaxia, más pronunciado es ese desplazamiento.
El telescopio Hubble fue diseñado principalmente para captar luz visible y ultravioleta, por lo que las galaxias más antiguas le pasaban desapercibidas.
El James Webb, en cambio, puede detectar galaxias extremadamente tenues ocultas detrás del polvo cósmico. Esto permite a los investigadores mirar más profundamente hacia el universo temprano. Además, sus espejos tienen una superficie siete veces mayor que la de los del Hubble, lo que le permite captar mucha más luz en cada observación.
El resultado concreto es que el James Webb identificó muchas más galaxias débiles en la misma zona del espacio, y midió sus distancias con una precisión mucho mayor. Esto permitió ubicar cada galaxia en su momento exacto dentro de la historia cósmica, afinando la resolución del mapa.
Al comparar los nuevos datos con los mapas anteriores del Hubble, los investigadores encontraron algo llamativo. Características que antes parecían estructuras únicas resultaron ser múltiples estructuras conectadas, lo que reveló una complejidad mucho mayor dentro de la red cósmica. Lo que se veía como una mancha difusa era, en realidad, un conjunto de filamentos distintos.
El profesor Bahram Mobasher, director del equipo en UC Riverside, señaló que el salto en profundidad y en resolución es verdaderamente significativo. Ahora, es posible ver la red cósmica en una época en la que el universo tenía apenas unos pocos cientos de millones de años, una era que antes estaba prácticamente fuera de alcance.
Un estudio complementario, publicado en Nature Astronomy en enero de 2026 y dirigido por Diana Scognamiglio del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, utilizó el mismo conjunto de datos del James Webb para mapear la materia oscura mediante el efecto de lente gravitatoria.
El mapa resultante tiene el doble de precisión que cualquier mapa de materia oscura producido por otros observatorios. Ambos estudios ofrecen, por primera vez, una vista directa del andamiaje invisible sobre el que se construyó el universo visible.
Datos abiertos para todos
El equipo puso a disposición pública el catálogo completo de las 164.000 galaxias junto con su densidad cósmica, el programa informático utilizado para construir el mapa y un vídeo que muestra cómo evolucionó la red cósmica a lo largo de miles de millones de años.
Cualquier investigador del mundo puede acceder a esa información y analizarla, lo que abre la puerta a nuevos hallazgos que quizá el equipo original no llegó a identificar.
El estudio fue dirigido por Hossein Hatamnia, estudiante de posgrado en UC Riverside y en los Observatorios Carnegie. A él se sumaron científicos de Estados Unidos, Dinamarca, Chile, Francia, Finlandia, Suiza, Japón, China, Alemania e Italia.
El James Webb lleva en órbita desde 2021 y opera científicamente desde 2022. En ese tiempo ha redibujado lo que se sabía sobre las galaxias más antiguas, la formación de estrellas y la estructura a gran escala del cosmos. Este mapa es, hasta ahora, su trabajo más ambicioso.
Y es apenas el comienzo: los datos también ofrecen, por primera vez, un conjunto estadísticamente robusto para estudiar cómo la posición de una galaxia dentro de la red (si está en un vacío, en un filamento o en un cúmulo denso) condiciona su evolución a lo largo de la historia cósmica.
La pregunta de por qué las galaxias son como son empieza, por fin, a tener respuesta.
