La Depresión de Danakil, en el noreste de Etiopía, volvió a las noticias internacionales el 23 de noviembre de 2025.
Ese día, el volcán Hayli Gubbi entró en erupción por primera vez en al menos 10.000 años y lanzó una columna de ceniza de 14 kilómetros de altura que llegó hasta Yemen, Omán, Pakistán e India.
El episodio, según confirmó el Programa Global de Vulcanismo (Global Volcanism Program) del Instituto Smithsoniano, no tenía precedentes registrados desde el Holoceno, el periodo geológico que comenzó al final de la última glaciación hace unos 12.000 años.
La erupción obligó a cancelar vuelos comerciales en el sur de Asia y cubrió de ceniza la localidad etíope de Afdera. No hubo víctimas humanas, aunque sí afectó al pastoreo, que es el principal sustento de las comunidades de la zona.
Hayli Gubbi se ubica apenas 15 kilómetros al sureste del Erta Ale, el volcán más conocido de la región. Su despertar repentino puso el foco, una vez más, en una de las zonas geológicamente más activas del planeta.
Tres placas que se separan
La Depresión de Danakil forma la parte norte del llamado Triángulo de Afar, en la frontera entre Etiopía, Eritrea y Yibuti.
El área se encuentra en la intersección de tres placas tectónicas (africana, arábiga y somalí) que se están separando y dan forma a un sistema de valles de fractura (rift).
En el sector donde la placa africana se divide en las placas nubia y somalí, la separación avanza a un ritmo de 6 a 7 milímetros por año. De continuar ese proceso, la ruptura completa de la corteza terrestre se produciría dentro de unos 10 millones de años, según estimaciones geológicas.
Ese estiramiento de la corteza ha dejado buena parte del terreno por debajo del nivel del mar. La depresión se extiende 200 kilómetros de largo por 50 de ancho y llega a situarse 125 metros bajo el nivel del mar, con un paisaje dominado por lagos salados, campos de lava y manantiales ácidos.
Los especialistas describen la región como un ejemplo activo de cómo nace un océano. El mismo mecanismo de separación de placas que hoy fractura el Cuerno de África es, a escala geológica, comparable al que en su momento abrió el Atlántico.
Erta Ale, sin lago de lava permanente
Durante décadas, el Erta Ale fue célebre por albergar uno de los pocos lagos de lava permanentes del mundo, activo de forma casi continua desde 1967.
Esa imagen, sin embargo, ya no corresponde al estado actual del volcán.
Según el último informe disponible, de febrero de 2026, la actividad se limita a hornitos activos y desgasificación fumarólica, mientras el fondo de la caldera aparece cubierto por coladas de lava recientes que rellenaron los antiguos cráteres.
El cambio se remonta a 2017, cuando una fisura eruptiva en el flanco sur drenó los lagos de lava que se habían mantenido activos durante décadas.
Desde octubre de 2023 se registró una nueva fase de actividad intracaldera, con flujos de lava y formación de hornitos, que continuaba hasta comienzos de 2026.
Vida en los límites de lo posible
Junto al Erta Ale, el campo geotérmico de Dallol concentra algunas de las condiciones más hostiles registradas en la superficie terrestre: temperaturas de hasta 108 °C, pH cercano a cero y salinidad extrema.
Durante más de una década, la comunidad científica debatió si algún organismo podía sobrevivir allí.
Los estudios detectaron microbios en el lago Assale y en las llanuras salinas, pero no en las lagunas del domo de Dallol, en el Lago Negro ni en el estanque Gaet’ale, lo que llevó a plantear dos barreras para la vida: la alta concentración de sales caotrópicas y la combinación simultánea de hiperacidez e hipersalinidad.
Un estudio posterior sostuvo haber hallado arqueas prosperando en esas mismas salmueras, pero trabajos más recientes cuestionaron esa conclusión.
La dispersión aérea de células microbianas y la unión inespecífica de sondas fluorescentes resultaron ser factores que distorsionaron los análisis previos sobre la presencia de arqueas en Dallol.
La discusión sigue abierta, pero justamente esa incertidumbre es lo que atrae a la comunidad astrobiológica.
Dallol se convirtió en referencia obligada para estudiar los límites físico-químicos de la vida microbiana en superficie, junto con otros ambientes hiperácidos como los lagos de cráteres volcánicos y las minas a cielo abierto.
Determinar dónde termina la vida en la Tierra ayuda a definir qué buscar en otros planetas.
Cuna de la humanidad
La Depresión de Danakil no solo interesa a geólogos y microbiólogos.
En 1974, un equipo de investigadores halló allí los restos de Lucy, un ejemplar de Australopithecus afarensis de 3,2 millones de años, hoy expuesto en el Museo Nacional de Addis Abeba.
El hallazgo consolidó a la región como uno de los sitios de referencia para el estudio de la evolución humana.
Hoy, esa misma tierra sigue moviéndose.
Los sismos que precedieron a la erupción de Hayli Gubbi, los hornitos que reemplazaron al lago de lava del Erta Ale y las salmueras de Dallol conforman un mismo proceso: la lenta fractura de un continente que, dentro de varios millones de años, dará paso a un nuevo océano.