Nacer sin colmillos, la mutación que salvó a los elefantes de Gorongosa

Matar por el marfil convirtió la ausencia de colmillos en una ventaja para sobrevivir, y cambió a los elefantes para siempre.
10.07.2026
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Los elefantes sin colmillos de Gorongosa, en Mozambique, son la evidencia más citada de cómo la caza furtiva puede alterar el curso de la evolución de una especie en pocas décadas.

Hoy en día, sus efectos siguen midiéndose más de treinta años después del conflicto que los originó.

Entre 1977 y 1992, Mozambique atravesó una guerra civil de quince años en la que las fuerzas de ambos bandos mataron elefantes de forma sistemática para financiar sus operaciones con la venta de marfil.

En la zona que hoy ocupa el Parque Nacional de Gorongosa, la matanza redujo la población de elefantes de unos 2.200 ejemplares a menos de 200, una caída superior al 90 %.

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Una ventaja letal para los colmillos

Entre los supervivientes se impuso un rasgo poco común: la mitad de las hembras había nacido sin colmillos, frente a menos de una de cada cinco hembras antes del conflicto.

La explicación, según el estudio publicado en 2021 en la revista Science por un equipo de la Universidad de Princeton junto con la organización ElephantVoices y el propio parque, es que en un contexto de caza selectiva por el marfil, no tener colmillos dejó de ser una desventaja física y se convirtió en una ventaja para sobrevivir y reproducirse.

El análisis genético identificó dos genes vinculados al desarrollo dental en mamíferos, uno de ellos ubicado en el cromosoma X.

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Al tratarse de una mutación dominante y ligada a ese cromosoma, basta con heredar una sola copia alterada para que una hembra nazca sin colmillos.

En los machos, en cambio, el mismo gen parece resultar letal durante el desarrollo embrionario, lo que explicaría por qué la ausencia de colmillos se registra casi exclusivamente en hembras y por qué las madres sin colmillos tuvieron el doble de crías hembras que machos.

Un cambio evolutivo medido en años, no en milenios

Lo que distingue al caso de Gorongosa de otros ejemplos de selección natural es la velocidad del proceso.

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El cambio se consolidó en poco más de una generación de elefantes, un ritmo que la comunidad científica describió como inusualmente rápido para un rasgo hereditario complejo.

El fenómeno no es exclusivo de Mozambique.

Poblaciones con una proporción elevada de hembras sin colmillos se registraron también tras episodios de caza furtiva intensa en Uganda, Tanzania y Kenia, aunque Gorongosa ofreció el conjunto de datos más completo para establecer el vínculo genético.

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Qué muestran los datos más recientes

Un censo posterior de las familias de elefantes de Gorongosa, publicado en la revista científica Pachyderm, confirmó que la tasa de ausencia de colmillos sigue siendo alta en los animales nacidos después de la guerra.

Según el estudio, la mitad de las hembras mayores de 20 años y un tercio de las que tienen entre 10 y 20 no desarrollaron colmillos. La proporción de sexos entre los ejemplares de más edad continúa desequilibrada, otra secuela genética del conflicto.

La población, por su parte, se recuperó de forma notable.

Según cifras difundidas en 2025 por la ecóloga a cargo del proyecto de ecología de elefantes del parque, el número de ejemplares pasó de apenas 200 supervivientes a unos 1.000 en la actualidad. A pesar de eso, la investigadora señaló que el cuerpo y el comportamiento de los animales todavía conservan marcas visibles de la guerra.

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Los científicos también documentaron un efecto ecológico secundario. Un análisis preliminar de la dieta mostró que las hembras sin colmillos consumen una proporción mayor de pastos. Las que sí los tienen incorporan más legumbres y plantas leñosas que requieren arrancar corteza, una tarea para la que los colmillos resultan indispensables.

Ese cambio en la dieta no es un dato menor: los elefantes con colmillos cumplen un rol de ingenieros del ecosistema al derribar árboles y abrir claros en la vegetación, un proceso del que dependen otras especies de la sabana.

Cuantas menos hembras con colmillos queden en una población, menos árboles caen, y el paisaje que los propios elefantes ayudaron a moldear durante generaciones empieza a parecerse cada vez menos al que sus antepasados conocieron.

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