Bosque terapéutico es el nuevo sello que desde el 17 de julio luce la Mata Nacional do Buçaco, en el municipio portugués de Mealhada.
La certificación la convierte en el primer espacio de este tipo en toda la Península Ibérica y en el cuarto del mundo, un selecto grupo que hasta ahora solo integraban tres bosques de Austria y Alemania.
El reconocimiento fue otorgado por la Healing Forest — International Certification Office, con sede en Rostock (Alemania), tras años de trabajo de la Fundación Mata do Buçaco.
El sello es válido hasta 2031 y se suma a los que ya poseen Benediktinerstift, en Austria, y Lahnstein y Bad Nauheim, en Alemania.
Un arboreto de 105 hectáreas con casi dos siglos de plantación
La Mata do Buçaco ocupa 105 hectáreas en la parroquia de Luso, a 549 metros de altitud, en el extremo noroeste de la Serra do Buçaco.
Su ubicación le proporciona un microclima particular, con temperaturas suaves, lluvias abundantes y nieblas matinales frecuentes que favorecen una biodiversidad poco común en la región.
El bosque alberga una de las colecciones dendrológicas más completas de Europa, con alrededor de 250 especies de árboles y arbustos.
Las monjas carmelitas descalzas iniciaron la reforestación hace siglos y, a partir de 1850, se introdujeron especies exóticas como cedros, secuoyas, araucarias y eucaliptos, entre ellas el cedro del Buçaco, símbolo del lugar.
El espacio se organiza en cuatro zonas diferenciadas: el Arboreto, que concentra el 80 % de la superficie; los Jardines y el Valle de los Helechos, construidos a finales del siglo XIX; la Floresta Relíquia, un reducto de vegetación autóctona que conserva rasgos del bosque anterior a la ocupación humana; y el Pinhal do Marquês, en proceso de recuperación tras el ataque de una plaga y el paso de un ciclón en la última década.
En el Valle de los Helechos se levanta el Palace Hotel do Buçaco, construido entre 1888 y 1907 por encargo del rey Carlos I como pabellón de caza de verano.
El edificio se transformó en hotel en 1917 y hoy sigue en funcionamiento como establecimiento de cinco estrellas, con habitaciones decoradas con mobiliario de época y un restaurante especializado en vinos de la región.

Duca696, CC BY-SA 3.0Qué exige la certificación de bosque terapéutico
La Healing Forest — International Certification Office define los bosques terapéuticos como espacios boscosos diseñados para usos terapéuticos específicos, donde terapeutas cualificados acompañan tratamientos o programas adaptados a cada paciente.
Su aplicación puede resultar útil en el manejo de enfermedades incapacitantes y complementar terapias convencionales.
Para obtener el sello, un bosque debe cumplir varios requisitos.
Para empezar, debe contar con estructuras naturales que atenúen el ruido y ofrezcan protección visual y resguardo frente al viento. También debe disponer de senderos con distintos niveles de exigencia, prestar servicios regulares de terapeutas forestales u otros profesionales sanitarios cualificados, y contar con áreas específicas para aplicaciones terapéuticas y ejercicios de relajación.
La cercanía a un hospital o a un centro de rehabilitación se valora como una ventaja adicional.
El proceso de certificación consta de varias fases. Primero se presenta la documentación básica del emplazamiento.
Después, un equipo técnico realiza una inspección sobre el terreno y, por último, expertos forestales y médicos sanitarios elaboran informes independientes que evalúan el potencial curativo del espacio antes de conceder el certificado.
Los beneficios que respalda la investigación
La Healing Forest — International Certification Office recoge en su apartado científico una serie de efectos medidos en distintos estudios: mejoras en las capacidades cognitivas, reducción del estrés, la ansiedad y la depresión, descenso de la presión arterial, refuerzo del sistema inmunitario y mejor calidad del sueño.
Buena parte de esta investigación se ha desarrollado durante la última década en países asiáticos.
Entre los hallazgos más citados figuran los del investigador japonés Qing Li, quien documentó un aumento de la actividad de las células NK (natural killer, claves en la respuesta inmunitaria frente a virus y células tumorales) tras estancias en el bosque, junto a una caída de los niveles de hormonas del estrés.
Otros trabajos han relacionado el contacto con el entorno forestal con una reducción de la presión arterial, especialmente marcada en personas con hipertensión moderada, además de mejoras en pacientes con insuficiencia cardíaca crónica.
Bosque terapéutico y baño de bosque no son lo mismo
Ambos conceptos parten de la premisa de que la exposición a un entorno forestal aporta beneficios medibles para la salud física y mental. Pero no son sinónimos.
El baño de bosque, traducción del término japonés shinrin-yoku, nació en 1982 como parte de un programa nacional de salud en Japón orientado a reducir el estrés de la población.
Funciona como una práctica guiada de bienestar o atención plena (mindfulness), sin apuntar necesariamente a una indicación médica concreta, algo comparable a seguir una dieta equilibrada o hacer ejercicio con regularidad.
La terapia forestal, en cambio, es una disciplina más formalizada desde el punto de vista clínico, dirigida por terapeutas acreditados y asociada en ocasiones a indicaciones médicas específicas: enfermedades cardiovasculares, respiratorias, psicosomáticas, ortopédicas o neurológicas.
Es precisamente este segundo modelo el que sustenta la certificación otorgada a la Mata do Buçaco.
La fundación que gestiona el bosque portugués ya se ha fijado una nueva meta: la candidatura del espacio al Patrimonio Mundial de la Unesco.
