El lago Hillier es un lago salado de apenas 600 metros de largo escondido en Middle Island, frente a la costa sur de Australia Occidental.
Durante más de dos siglos fue famoso por su color rosa chicle, que no cambiaba ni con la luz ni al extraer el agua del lago.
Esa fama se truncó en 2022, cuando una lluvia extrema, vinculada al cambio climático, diluyó la sal del agua y el lago pasó del rosa vibrante a un gris azulado.
Aún hoy no ha recuperado del todo su color original. Según especialistas de la zona de Esperance, debería regresar de forma gradual a medida que la evaporación vuelva a concentrar la sal, en un plazo estimado de entre cinco y diez años, aunque advierten que nuevas lluvias extremas podrían retrasar el proceso.
El explorador británico Matthew Flinders lo descubrió en enero de 1802, al subir al punto más alto de la isla y notar, según anotó en su bitácora, un pequeño lago de color rosado.
Le puso el nombre en homenaje a William Hillier, un tripulante que había muerto de disentería poco antes. La tripulación comprobó que el agua era tan salada como el mar Muerto y aprovechó para cargar sal en el barco.
Las razones de ese color, según la ciencia
El lago forma parte de la Reserva Natural del archipiélago Recherche y tiene una concentración de sal cercana al 28 %, ocho veces más alta que la del océano. Solo organismos extremófilos pueden sobrevivir ahí.
En 2015, un equipo del Extreme Microbiome Project (Proyecto del Microbioma Extremo) tomó muestras de agua y sedimento y encontró alrededor de diez especies de bacterias y arqueas amantes de la sal, junto con distintas variedades del alga Dunaliella salina.
Un estudio genético más reciente, publicado en 2022, amplió ese número a cientos de microorganismos distintos conviviendo en el lago.
La mayoría de esos microbios son naturalmente rosados, rojizos o anaranjados. La razón está en su propia supervivencia: para protegerse de la radiación solar y de la altísima concentración de sal, producen pigmentos llamados carotenoides, los mismos compuestos que dan color a una zanahoria o a un flamenco.
Multiplicado por millones de microorganismos en un volumen de agua pequeño, ese pigmento es lo que tiñe el lago entero.
Cómo llegar y qué esperar de la visita
El lago Hillier no tiene infraestructura turística ni acceso terrestre habilitado.
La localidad más cercana es Esperance, un pueblo costero a unas 70 millas náuticas (unos 130 kilómetros) por mar desde el lago y sin ninguna carretera que conecte con Middle Island. Eso deja dos formas de llegar: por aire o por agua.
La opción más habitual es el sobrevuelo panorámico. Goldfields Air Services, que opera bajo el nombre Fly Esperance, sale desde el aeropuerto de Esperance con vuelos de aproximadamente una hora y cuarenta minutos, que además de Middle Island, recorren el Parque Nacional Cape Le Grand y Lucky Bay, reconocida por tener una de las arenas más blancas de Australia.
El precio ronda los 425 dólares australianos por persona, requiere un mínimo de dos pasajeros para confirmarse y suele ofrecerse varias veces al día.
En temporada, entre diciembre y abril, también operan sobrevuelos en helicóptero desde Esperance, una alternativa más flexible pero igualmente dependiente del clima: cualquier viento fuerte puede cancelar la salida.
La segunda opción es marítima. Operadores locales como Esperance Island Cruises organizan travesías en barco hasta la isla, de aproximadamente seis horas de ida y vuelta, aunque se ofrecen con mucha menor frecuencia que los vuelos y suelen reservarse como chárter privado.
Middle Island tiene además un dato curioso al margen del lago: fue el escondite de Black Jack Anderson, el único pirata registrado en la historia de Australia, que operó en el archipiélago Recherche a comienzos del siglo XIX.
¿Se puede nadar en el lago?
Técnicamente, sí sería posible. La altísima concentración de sal hace flotar el cuerpo casi sin esfuerzo, y los microorganismos responsables del color no representan ningún riesgo para la piel ni para la salud. Pero en la práctica, nadar no está permitido.
Middle Island forma parte de una reserva natural protegida por el Departamento de Parques y Vida Silvestre de Australia Occidental.
El acceso a pie o el contacto directo con el agua está reservado casi exclusivamente a expediciones científicas con permisos especiales, tanto para proteger el ecosistema como para no interferir en los estudios en curso sobre su recuperación tras el episodio de 2022.
Para la inmensa mayoría de los visitantes, la experiencia se limita a observar el lago desde el aire o, en las excursiones en barco, desde la costa sin desembarcar. Es, en ese sentido, un destino que se mira pero no se toca.
