Equipo multidisciplinario trasladando la tumba de Pedro III de Aragón. Foto: Fotografía: Generalitat de Catalunya

La ciencia abre la tumba intacta de Pedro III el Grande y le devuelve el rostro 700 años después

Ningún saqueo la alcanzó en siete siglos; al abrirla, la ciencia descubrió cómo era el rey, de qué enfermó y hasta cómo pudo morir.
21.09.2026
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La mayoría de los sepulcros reales de la Europa medieval fueron saqueados, trasladados o profanados a lo largo de los siglos, pero en Cataluña hay uno que llegó intacto: el del rey Pedro III de Aragón.

Conocido como el Grande, el monarca fue enterrado en 1285 en el Real Monasterio de Santes Creus, en la provincia de Tarragona, y allí sigue.

En 2010, ese sepulcro se abrió por primera vez con fines científicos, y lo que salió a la luz fue mucho más que un cuerpo: la posibilidad de reconstruir, con herramientas médicas del siglo XXI, cómo era, de qué enfermó y hasta cómo pudo morir un monarca del siglo XIII.

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700 años sin que nadie tocara su tumba

Pedro III reinó sobre la Corona de Aragón entre 1276 y 1285, un período marcado por la conquista de Sicilia y por conflictos militares constantes que lo mantuvieron, según los cronistas de la época, casi permanentemente en campaña.

A su muerte fue enterrado en Santes Creus. Junto con Poblet y Vallbona de les Monges forma el trío de grandes monasterios cistercienses de Cataluña que durante los siglos XIII y XIV fue panteón de la realeza catalano-aragonesa.

Lo excepcional de su tumba no es solo quién yace allí, sino lo que nunca le ocurrió.

A diferencia de la inmensa mayoría de los sepulcros reales europeos de esa época, saqueados en guerras y revueltas o por simple pillaje, el de Pedro III llegó al siglo XXI sin haber sido expoliado.

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Es, según los especialistas que trabajaron en su estudio, la única tumba real catalana que se conserva en esas condiciones.

Una operación quirúrgica sobre un sarcófago de pórfido

La apertura no respondió a la mera curiosidad, sino que formó parte de un proyecto de investigación multidisciplinar impulsado en 2010.

La iniciativa coincidió con el 850.º aniversario de la fundación del monasterio y reunió a historiadores, arqueólogos, restauradores, antropólogos físicos y paleopatólogos bajo la coordinación del Museu d’Història de Catalunya.

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El objetivo no era solo confirmar la identidad del rey, sino documentar por primera vez, con métodos científicos rigurosos, los rituales funerarios de la realeza medieval catalana.

Antes de tocar nada, el equipo recurrió a técnicas no invasivas.

Para ello, introdujo una cámara endoscópica en el sepulcro, lo que permitió confirmar que había un cuerpo completo que ocupaba todo el largo de la tumba.

Luego, analizó el aire del interior mediante cromatografía de gases y detectó rastros de sustancias típicas del embalsamamiento medieval, como brea, sílice y hierbas aromáticas.

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Solo después de esa fase exploratoria se retiró la tapa y se extrajeron los restos del sarcófago de pórfido rojo en el que descansaban. Esta tarea llevó seis horas de trabajo coordinado entre una veintena de especialistas e incluyó una radiografía antes de mover el cuerpo.

El traslado hasta el Centre de Restauració de Béns Mobles de Catalunya, en Valldoreix, se hizo en un camión acondicionado especialmente para la ocasión, con amortiguación reforzada y una velocidad que nunca superó los 70 km/h, con el fin de minimizar cualquier riesgo para los restos.

Durante el trayecto, hubo una parada técnica en el Hospital Joan XXIII de Tarragona para someterlo a una tomografía computarizada, que permitió obtener la primera reconstrucción volumétrica completa del cuerpo del monarca.

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Lo que reveló el cuerpo del rey

Los análisis posteriores, ya en condiciones de microclima controlado y sin luz natural, confirmaron que Pedro III había sido embalsamado con técnicas heredadas del antiguo Egipto, una práctica poco habitual pero no inédita entre la realeza europea del siglo XIII.

El cuerpo, en parte momificado y en parte esqueletizado, permitió a los investigadores conocer varios rasgos físicos del monarca.

Se determinó que medía entre 1,75 y 1,80 metros, una estatura considerable para la época, y que tenía el rostro alargado y el maxilar inferior más prominente que el superior. Por otro lado, su dieta (a juzgar por los restos analizados) incluía cereales y carne en cantidad suficiente para descartar cualquier carencia alimentaria relevante.

El estudio también aportó pistas sobre su salud.

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Los especialistas identificaron indicios de un tumor benigno en las meninges y calcificaciones pulmonares compatibles con tuberculosis, una de las causas que podrían explicar su muerte a los 46 años.

Con esos datos, y apoyándose en técnicas forenses y criminalísticas, el equipo llegó incluso a reconstruir digitalmente el rostro del rey, uno de los monarcas más relevantes de la historia catalana, más de setecientos años después de su muerte.

En el mismo proyecto se estudiaron también las tumbas vecinas de Jaime II y de su esposa Blanca de Anjou, y se descartó de manera concluyente que los restos hallados en el sepulcro atribuido al almirante Roger de Lauria correspondieran a él.

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Visitar hoy el monasterio donde descansa el rey

El Real Monasterio de Santes Creus, en el municipio de Aiguamúrcia, a orillas del río Gaià, sigue abierto al público.

Se puede llegar en poco más de media hora en coche desde Tarragona, o en algo más de una hora desde Barcelona.

Forma parte de la llamada Ruta del Císter junto a los monasterios de Poblet y Vallbona de les Monges, lo que permite combinar la visita con otras dos joyas del arte cisterciense catalán en un mismo recorrido de varios días.

El recinto abre de martes a domingo, con horario ampliado de junio a septiembre (de 10:00 a 18:30) y algo más reducido el resto del año (de 10:00 a 17:00).

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La entrada general tiene un precio de seis euros. Los jubilados mayores de 65 años, los estudiantes y las personas con discapacidad pagan tarifa reducida, mientras que los menores de 16 años y los desempleados entran gratis. Además, el acceso es gratuito el último martes de cada mes entre octubre y junio.

Quienes visitan Santes Creus hoy pueden recorrer el claustro gótico construido sobre el antiguo claustro románico, la sala capitular y, por supuesto, la propia iglesia, donde se conservan los sepulcros reales, incluido el de Pedro III, devuelto a su lugar original una vez terminada la investigación.

Es, probablemente, uno de los pocos lugares de Europa donde se puede estar frente a una tumba real medieval sabiendo, con precisión casi clínica, cómo era físicamente la persona que descansa dentro.

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