Junto con Petra, Hegra es el legado más importante de la civilización nabatea. Foto de Unsplash.

Hegra, la hermana olvidada de Petra: tumbas colosales que la arena protegió 2.000 años

Publi
Publi

Mientras el turismo convencional se aglutina en Petra, en el corazón del desierto saudí emerge otro legado nabateo que ha llegado casi intacto hasta nuestros días: Hegra.

También conocida como Mada’in Salih, al-Hijr o Hijra, esta zona arqueológica es el segundo enclave en importancia de dicha civilización, solo por detrás de la icónica joya jordana.

La gran necrópolis de Hegra alberga más de un centenar de tumbas y unos dos milenios de historia. Fue, además, el primer sitio de Arabia Saudita en ser declarado Patrimonio de la Humanidad. Hoy, tímidamente, comienza a abrir sus puertas al mundo.

Eso sí, para desvelar sus secretos hay que entregarse al rigor del sol abrasador en el valle de AlUla. Porque, a pesar de haber sido construida por el mismo pueblo, poco tiene que ver Hegra con la ciudad de Petra.

Publi

A pesar de las diferencias, ambos sitios evocan el glorioso pasado de un imperio que desapareció bajo la arena del desierto. Aunque no lo hizo sin dejar su huella, esa que el mismo mar de arena decidió custodiar para siempre.

La necrópolis nabatea que desafía la hostilidad del desierto

Aunque Hegra fue en su apogeo una ciudad bulliciosa, el tiempo borró los rastros de sus viviendas, dejando como protagonistas absolutas sus necrópolis: un conjunto de 111 tumbas monumentales que descansan bajo la protección de un parque arqueológico establecido en 1972.

En primera instancia, el lugar estaba reservado al público musulmán. Pero en 2020, el gobierno de Arabia Saudita fue más allá y comenzó a recibir turistas de otras partes del mundo. ¿La razón? Un ambicioso proyecto llamado Visión 2030, mediante el cual el país busca diversificar su economía y abrirse al exterior.

Gracias a eso, los turistas (que todavía son pocos) tienen la suerte de caer rendidos ante este legado cultural, de la misma forma que lo hizo Charles Montagu Doughty, un viajero y escritor británico que fue el primer europeo en documentar la necrópolis.

Publi

Las tumbas de Hegra fueron talladas en formaciones rocosas de más de 500 millones de años. Aquí, la piedra revela su edad a través de una paleta cromática fascinante, desde los rojos intensos del final del periodo Cámbrico hasta los tonos pálidos y blanquecinos del Ordovícico.

A pesar de la antigüedad de las rocas y de las tumbas, construidas entre los siglos I a.C. y I d.C., el estado de conservación es asombroso. La protección de la arena permitió que tanto las inscripciones como las pinturas rupestres se conservaran como valiosos testimonios de la civilización nabatea.

A diferencia de otras tradiciones funerarias, en Hegra las moradas eternas no se hunden en las profundidades de la tierra. Por el contrario, se elevan hacia el cielo y, en ocasiones, alcanzan los 20 metros de altura.

Por otro lado, la ornamentación de las tumbas es sobria y está cargada de un simbolismo único. Águilas, leones, esfinges y medusas conviven en las fachadas, revelando un sincretismo cultural fascinante derivado del comercio de la época.

Publi

El legado de Hinat

Como en muchos otros recintos funerarios, el tamaño y la ornamentación de las tumbas indicaban el estatus social del difunto. Incluso en algunas de ellas figuran inscripciones en arameo antiguo que nombran a sus propietarios y advierten contra los profanadores.

El ejemplo más revelador es el que aparece en la tumba de Hinat, donde se lee:

“Esta es la tumba que Hinat, hija de Wahbu, construyó para sí misma, para sus hijos y sus descendientes por siempre. Nadie tiene derecho a venderla, ni a darla en prenda, ni a alquilarla. Quien actúe de forma contraria, verá su derecho revertido al heredero legítimo. En el año veintiuno del rey Maliku, soberano de los nabateos“.

Esta inscripción es uno de los textos epigráficos más valiosos de Hegra, pues revela el papel de las mujeres en la sociedad. Además de encargar su tumba, Hinat dictó las condiciones de su herencia y de su protección.

Publi

Su hallazgo también fue clave para desenterrar la historia de Hegra. Durante las excavaciones se encontraron restos óseos de unos 80 individuos y textiles que ayudaron a comprender mejor los ritos funerarios nabateos.

De esa forma, se confirmó que Hegra fue más que una ciudad de paso en las rutas comerciales. Era un núcleo social vibrante.

Qasr Al Farid: el “Castillo Solitario” inacabado de Hegra

Ninguna visita a Hegra está completa sin enfrentarse al magnetismo de Qasr Al Farid. Conocido como el “Castillo Solitario“, este monumento rompe con la norma al estar tallado en un monolito de roca único, aislado en medio de la llanura arenosa.

Destinada a ser la morada eterna de Lihyan, hijo de Kuza, la obra nunca se terminó, lo que nos permite observar hoy el proceso creativo de los antiguos canteros. Además de su emplazamiento particular, la fachada, de más de 20 metros de longitud, llama poderosamente la atención.

Publi
Qasr Al Farid, conocido como el Castillo Solitario, una tumba monumental inacabada en el desierto de AlUla.
El “Castillo Solitario” muestra la faceta más melancólica del Parque Arqueológico de Hegra. Foto de Unsplash.

Al fijarnos en su base, el tallado es más tosco que en la parte superior, sobre todo en el friso escalonado, que representa el camino de las almas hacia el cielo.

Esa imperfección y su absoluta soledad convierten a este bloque en la imagen más evocadora de todo el valle.

Un imperio forjado en incienso y piedra

Es imposible desenterrar los secretos de Hegra sin repasar la historia de los nabateos, los antiguos nómadas del desierto que durante años controlaron los nodos más estratégicos de la Ruta del Incienso.

Por sus dominios circularon infinitas caravanas de camellos cargadas de tesoros que encontraban en Hegra un refugio vital tras semanas de travesía por el desierto.

Publi

Mientras que Petra era el corazón político y administrativo del reino del norte, Mada’in Salih se erigió como la gran capital del sur. Este enclave era el bastión estratégico que garantizaba el control absoluto sobre la Península Arábiga y el flujo de mercancías hacia el Mediterráneo.

Pero además de ser mercaderes de especias provenientes de los confines de Oriente, los nabateos fueron grandes arquitectos que supieron convertir el desierto en un oasis. Su sistema de pozos, cisternas y acueductos les permitió desarrollar la agricultura y almacenar agua durante largos períodos de sequía. Gracias a ello, Hegra pudo prosperar en el entorno hostil del desierto y brindar cobijo a sus ciudadanos y a los peregrinos.

La época de mayor auge económico del pueblo nabateo ocurrió entre los siglos IV a.C. y el I d.C. Desde su capital en las ruinas excavadas de Petra hasta este enclave en el Hiyaz, controlaron los peajes y el tránsito que unía las tierras de Yemen y Omán con el Levante mediterráneo, convirtiendo el polvo del camino en una riqueza legendaria que todavía se respira en sus relieves.

Hoy, al abandonar el valle de AlUla, queda la certeza de que Hegra es mucho más que un conjunto de fachadas monumentales. Es, en todo caso, un recordatorio de que, aunque los imperios se desvanezcan, su rastro permanece grabado en la piedra.

Publi

El newsletter de LYXPLANET

¿Disfrutando del viaje?

Historias como esta, cada semana, en tu email.

Continúa explorando

El mundo tiene más de lo que te han contado

Lugares remotos, historias enterradas, experiencias que las guías no mencionan. Únete a más de 10.000 exploradores curiosos y recibe nuestras mejores historias cada semana.

Comentarios

¿Has estado aquí? Cuéntanos tu experiencia.

Comentarios

Recibir notificaciones cuando me respondan
Selecciona tu notificación:
guest

0 Comentarios
Los más antiguos
Los más recientes Los más votados

Lo + leído

Nuevo · Juegos LYX

Antes de irte, juega la expedición de hoy

Cinco destinos, una carrera. Un recorrido nuevo cada día, gratis.