Cantabria es una preciosa región compuesta por valles, ríos y montañas, que se ubica al norte de España. Enclavada entre dos históricas comunidades como son Asturias y País Vasco, pareciera que por su tamaño más reducido, Cantabria ha quedado un poco arrinconada en lo que a turismo y popularidad se refiere.
Nada más lejos de la realidad. Cada año, cientos de miles de visitantes se pasean por su capital, Santander, o visitan algunos de los pueblos cercanos, que presumen de belleza singular, como Comillas, Castro Urdiales o Santoña.
La belleza de los paisajes naturales, tanto en montaña como en costa, se mezcla también con el rico patrimonio artístico y cultural de esta región, así como con su gastronomía, uno de los secretos mejor guardados del norte español.
Y entre tantas preciosas poblaciones, hay una que ha conseguido retumbar en la mente de muchos visitantes, incluso antes de pasar por Cantabria. Se trata de Liérganes, una pequeña localidad ubicada en la región de los Valles Pasiegos, acomodada junto al río Miera, en la que se cuenta la extraña historia de un hombre que se convirtió en pez.
Francisco de la Vega, el hombre pez
La leyenda se centra en la figura de Francisco de la Vega, nacido en 1658 en la localidad de Liérganes, siendo hijo de María de Casar, que tras la muerte de su esposo tuvo que luchar para sacar a sus hijos adelante.
Desde bien joven, Francisco mostró especial afinidad con el agua, ya que se pasaba las horas nadando en el río Miera, que atraviesa su población natal. No sería en aquel río, sin embargo, donde su vida cambiaría para siempre a la edad de dieciséis años.
Y es que Francisco, por mandato de su madre, se marchó a Bilbao para aprender allí el oficio de carpintero siendo todavía un zagal. En la noche de San Juan, la tradición manda que los jóvenes salten las hogueras junto a la ría de la ciudad, y Francisco quiso participar de aquella entrañable fiesta con sus amigos. Luego, como era habitual, los chicos se lanzaban al agua de la ría para refrescarse un rato. Así lo hizo el joven cántabro, solo que para él, el baño duró mucho más de lo previsto.
Sus compañeros salieron del agua, pero le perdieron de vista. Esperaron su regreso, pero Francisco no volvió a aparecer. Temiéndose lo peor, lo buscaron al día siguiente por los alrededores, sin encontrar rastro alguno. Consternados, le dieron por muerto, posiblemente ahogado en alguna zona avanzada de la ría, siendo su cuerpo posteriormente arrastrado hasta el mar.
La historia de Francisco podría haber terminado aquí, como tantas otras que tristemente se han dado. Sin embargo, la vuelta de tuerca de esta leyenda llega cinco años más tarde.
En 1679, unos pescadores que estaban faenando cerca de las costas de Cádiz recuperaron el cuerpo de un hombre joven. Solo que, para su sorpresa, aquel hombre tenía escamas por toda su piel y un aspecto que parecía confundirse con el mismo mar.
Estaba vivo y respiraba con dificultad, pero era incapaz de hablar. Tras el sorprendente descubrimiento, los pescadores hicieron lo único que se les ocurrió: llevar a aquel ser aparentemente monstruoso a una iglesia, para ver si los religiosos eran capaces de exorcizarle.
Solo que no había demonios dentro de aquel hombre, solo una palabra en sus labios: Liérganes.
El regreso del hombre pez a Liérganes
Sorprendidos por la actitud de aquel ser que parecía un hombre, pero también un pez, los clérigos decidieron acompañarle al pueblo cántabro que mencionaba, ya que parecía ser la única referencia que podía tener de una vida anterior.
Al llegar a Liérganes, el propio hombre se encaminó por su propio pie hasta la casa de su madre, que lo reconoció al instante. Francisco, al que todos creían muerto, había vuelto cinco años después, convertido, eso sí, en un ser extraño que apenas era capaz de comunicarse.
Cumplida su misión, los clérigos gaditanos volvieron al sur, dejando a Francisco con su familia en Liérganes, donde todo el mundo celebró su regreso.
Sin embargo, él no mostraba apenas entusiasmo por nada, salvo por sus largos baños en las aguas del río Miera. Era capaz de articular algunas palabras, como “pan”, “tabaco” y “vino”, pero no mantenía conversaciones, y en muchas ocasiones ni siquiera contestaba a las preguntas que le hacían. Se había vuelto muy reservado y, aunque dócil y servicial, prefería estar solo, alejándose de la compañía de los demás, incluyendo a los propios miembros de su familia.
Parecía que Francisco echara de menos la vida que había podido tener durante ese lapso de cinco años desaparecido. No terminaba de adaptarse de nuevo a Liérganes y, aunque cumplía con sus obligaciones cuando le encomendaban ciertos recados, la mayoría del tiempo lo pasaba en soledad.
Se dice que sus escamas se le cayeron, dejando ver de nuevo su piel humana y que retomó, si no totalmente, al menos sí en gran parte, su aspecto de hombre joven. Pero algo le estaba llamando más allá de aquella tierra.
Uno de los recados que solía cumplir era el de llevar mensajes de una punta a otra del río, nadando de una forma sobrehumana, hasta recorrer kilómetros y llegar a Santoña o Santander.
En una de estas misiones, Francisco no regresó jamás. Nadie le vio perderse esta vez en las frías aguas del Atlántico. Simplemente desapareció y su historia se convirtió en leyenda.
Un pueblo que aún le recuerda
La preciosa (y en parte también triste) historia de Francisco de la Vega fue ya expuesta en varios libros y tratados en el siglo XVIII, en personalidades como Fray Benito Jerónimo Feijoo, escéptico por naturaleza, que sí que daba veracidad a dicha narración.
La leyenda se fue extendiendo, y llegada a nuestros días se ha convertido en una de las más peculiares del norte de España. Y por supuesto, en Liérganes se guarda un gran cariño a la figura de su hombre pez. Tanto es así que incluso se ha creado un Centro de Investigación sobre su historia, ubicado en un antiguo molino con casi cuatro siglos.
Justo al lado del molino, en la ribera del río Miera, se ha ubicado una pequeña estatua que también le recuerda. Al estilo de la Sirenita de Copenhague, la figura del Hombre Pez ya descansa para siempre en las piedras, mirando al río con una expresión melancólica y pensativa. Tal vez rememorando todo el tiempo que estuvo fuera, en las aguas, convertido en un ser imposible, que ahora ya es parte de la historia insólita de Cantabria.
Tras descubrir las fascinantes y extrañas leyendas de hombres anfibios ligadas a los ríos del norte peninsular, resulta inevitable adentrarse aún más en los bosques verdes y los misteriosos cursos de agua que guardan los secretos de la mitología asturiana; por ello, te invitamos a explorar nuestra guía sobre las xanas.













