El día que entendí por qué Huacachina enamora a tantos viajeros.
Llegué a Huacachina después de maravillarme con Cusco, el Valle Sagrado, la cima del Huayna Picchu, las calles blancas de Arequipa y la inmensidad del Cañón del Colca. Tenía el listón alto (muy alto, a decir verdad), pero Huacachina no me defraudó, sino que sumó un motivo más para enamorarme de Perú.
La realidad es que no es un lugar al que volvería una y otra vez, como Cusco, por ejemplo. Pero sí es un destino que merece, al menos, una visita en la vida.
Huacachina es un lugar diferente. Situado en medio del inmenso desierto costero peruano, es otra prueba de la riqueza y de la diversidad de Perú.
En este país todo es posible: hacer trekking por los Andes, explorar la selva amazónica, visitar ciudades modernas con un rico pasado colonial, descubrir el legado inca, navegar por el lago más alto del mundo, recorrer la costa del Pacífico y sí, conocer un auténtico oasis.
Entre leyendas y lágrimas: la historia detrás del oasis
Situado a cinco horas de Lima y a 15 minutos de la ciudad de Ica, Huacachina es el único oasis natural de Sudamérica.
Como en muchos lugares del mundo, su origen se puede explicar a través de la ciencia, pero también mediante leyendas que se transmiten de generación en generación, sobreviviendo de ese modo al paso del tiempo.
La laguna del oasis se formó gracias a corrientes subterráneas que favorecieron el crecimiento y el desarrollo de las palmeras, eucaliptos y huarangos a su alrededor. Dichas corrientes fueron también aprovechadas por las etnias paracas y nazca, quienes crearon canales de irrigación a partir de ellas.
Ahora bien, la leyenda cuenta que el oasis de Huacachina se formó a partir de las lágrimas derramadas por la doncella Huacca China, del pueblo de Tacara, tras perder a su amado. De tanto llorar al joven guerrero inca, se formó la laguna que hoy se ve en las fotos de Huacachina.
Cierto día, antes del anochecer, la doncella notó que un guerrero la observaba, por lo que se arrojó al agua a fin de esconderse de su mirada indiscreta. Cuando intentó salir, se dio cuenta de que se había transformado en una sirena y quedó atrapada en la laguna.
Cuentan los locales, que por las noches se oye el lamento de la joven, que sale de la laguna para seguir llorando a su amado. Huacca China significa “la mujer que llora” y si bien sabemos que la historia no es real, le añade una pizca de misticismo al lugar.
Qué hacer en Huacachina
La actividad turística por excelencia en el oasis de Huacachina son los paseos en buggy y el sandboard.
Huacachina es un lugar para caminar sin prisas alrededor de la laguna, tomar fotos desde distintos ángulos y, claro está, subir las dunas que rodean el oasis cuando el sol empieza a dar tregua. En ese momento, la magia se despliega.
La caminata no es simple, ya que las dunas son realmente altas (de hecho, son las más altas del continente), pero el esfuerzo vale la pena. Una vez arriba, las vistas del oasis con su vegetación, el desierto alrededor y a lo lejos la ciudad de Ica, forman la postal perfecta.
Estampa que alcanza su punto máximo cuando el sol comienza a esconderse por detrás de la arena. Ahí es cuando te das cuenta que muchas veces la belleza está en la simpleza..
Aunque claro, hacer la excursión en buggy sin duda debe ser divertido. Los vehículos circulan a toda velocidad por las dunas, subiendo los niveles de adrenalina de los turistas que buscan vivir emociones más extremas.
El sandboarding, por su parte, consiste en deslizarse por la arena sobre una tabla de snowboard. La actividad no es de alto riesgo y la pueden disfrutar grandes y chicos. Si tienes la oportunidad de vivir ambas experiencias, no dejes de hacerlo.
Consejos para visitar el oasis de Huacachina
Ica, si bien no destaca por su belleza urbana, es la puerta de entrada al oasis, por lo que inevitablemente pasarás por ella. En nuestro caso fuimos desde Ica a Huacachina en remís y el precio era respetable. El viaje fue cómodo y nos dejó justo en la puerta del hotel.
También se puede ir en excursión organizada desde Lima, Ica o Paracas. Muchas ya incluyen el paseo en buggy al atardecer.
Aprovecha el viaje y conoce alguna bodega en Ica para aprender todo sobre el pisco, o incluso que hagas el famoso vuelo para ver las líneas de Nazca. En mi caso, seguí viaje rumbo a Paracas para conocer las Islas Ballestas, otro destino recomendado.
Mi último consejo (además de que uses gorra y protección solar cuando estés en las dunas), es que planifiques tu llegada a Huacachina para la mañana, así dispones de la tarde libre para recorrer el oasis y luego subir a las dunas.
Una noche en el oasis: ¿vale la pena quedarse?
Finalmente, y en base a mi experiencia, te recomiendo que te quedes a dormir una noche en alguno de los hoteles o hostels que rodean el oasis.
No son excesivamente caros (a pesar de que el lugar es muy turístico) y a la noche el pueblito tiene buen clima, perfecto para dar otro paseo alrededor de la laguna, comer algún plato local y probar el pisco.
Si vas por tu cuenta a Huacachina, lo mejor que puedes hacer es ir sin muchos planes y simplemente dejarte llevar.
Así fue mi paso por Huacachina: simple, inesperado y profundamente inolvidable. Como el oasis mismo.