Las especies endémicas de Socotra conforman uno de los ecosistemas más singulares del planeta.
En esta isla yemení, situada a 350 kilómetros de la península arábiga y 240 del Cuerno de África, más de 300 de las 825 especies de plantas catalogadas (el 37% del total) no crecen en ningún otro territorio, según datos de la UNESCO.
La cifra se dispara en reptiles, con un 90% de endemismo, y en caracoles terrestres, con un 95%.
Socotra forma parte de un archipiélago de cuatro islas y dos islotes en el mar Arábigo.
El conjunto lleva separado del continente africano al menos seis millones de años, y de la península arábiga hasta veinte millones, de acuerdo con estudios geológicos recopilados por medios especializados en biogeografía insular.
Ese aislamiento prolongado permitió que la evolución siguiera un rumbo propio, sin interferencia de especies continentales.
La isla principal ocupa unos 3.625 kilómetros cuadrados y pertenece administrativamente a Yemen.
La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 2008 por su valor biológico excepcional, después de que en 2003 ya hubiera sido reconocida como Reserva de la Biosfera.
Socotra está llena de especies únicas, y estas son algunas de ellas.
El árbol de sangre de dragón, símbolo del paisaje
La especie más reconocible de Socotra es Dracaena cinnabari, conocida como árbol de sangre de dragón por su resina roja, que en la Antigüedad se usaba como tinte, medicina y, más tarde, como pigmento teatral.
Su copa tiene forma de paraguas invertido y puede vivir varios siglos. Así lo confirma un inventario reciente realizado con drones, según el cual existen más de 35.000 ejemplares vivos, con una edad media cercana a los 300 años y algunos individuos que superan los 500.
La especie figura como vulnerable.
Investigaciones publicadas en revistas científicas atribuyen su declive a la extracción histórica de resina, al pastoreo de cabras que impide la regeneración de brotes jóvenes y, más recientemente, a ciclones más intensos vinculados al cambio climático, que derriban ejemplares adultos en los bosques del altiplano de Firmihin.

La rosa del desierto y su tronco descomunal
Adenium obesum subsp. Socotranum, más conocida como rosa del desierto o árbol botella, es otra de las plantas insignia de la isla.
Su rasgo distintivo es un tronco hinchado que puede alcanzar 2,4 metros de diámetro y que funciona como reservorio de agua para sobrevivir a la aridez extrema.
Florece con pétalos rosados que contrastan con el entorno pedregoso, creando una postal tan bella como peculiar.
A diferencia de otras especies del archipiélago, la savia tóxica de esta planta la protege del ramoneo del ganado, lo que ha mantenido su población relativamente estable pese a la presión del pastoreo que afecta a otras plantas endémicas.
Un árbol que pertenece a la familia del pepino
Dendrosicyos socotranus es el único árbol de toda la familia de las cucurbitáceas (la misma del pepino y el melón), algo excepcional en términos botánicos.
Su tronco bulboso, que puede alcanzar tres metros de altura, almacena agua de forma similar a la de la rosa del desierto, aunque su follaje resulta mucho más vulnerable a los herbívoros.
Según los últimos relevamientos, existen 163 ejemplares adultos en 24 localidades, sobre un área de 96 kilómetros cuadrados, estimando una población total superior a los 6.400 individuos en toda la isla.
La regeneración natural se registró en el 77% de los sitios estudiados, aunque solo el 16% de los árboles individuales mostró señales de regeneración.
Otras observaciones de campo sobre la especie señalan que las plántulas más jóvenes rara vez prosperan salvo que queden protegidas del ramoneo de las cabras, ya sea por su ubicación en riscos inaccesibles o por el amparo de otra planta local, Cissus subaphylla, que actúa como barrera natural.
La tarántula azul, la joya de los artrópodos
Entre la fauna invertebrada destaca Monocentropus balfouri, la tarántula azul de Socotra, descrita en 1897 por el aracnólogo británico Reginald Innes Pocock.
Se distingue por sus patas de color azul metálico y un cuerpo de tonos crema. Se trata de una de las pocas tarántulas del Viejo Mundo capaces de vivir en grupos comunitarios con cuidado maternal prolongado, un comportamiento poco habitual en la especie.
Habita en las grietas de los valles rocosos y áridos del archipiélago.
Su rareza y su coloración la convirtieron en una de las tarántulas más buscadas por coleccionistas internacionales, lo que ha generado preocupación por la extracción de ejemplares silvestres para el comercio de mascotas exóticas.

Reptiles, aves y una biodiversidad marina poco explorada
El nivel de endemismo de los reptiles de Socotra es uno de los más altos del mundo.
De las 31 especies terrestres registradas, en torno al 90% no existen en ningún otro lugar, según un estudio de identificación genética (código de barras de ADN) publicado en 2016. La cifra incluye geckos y el camaleón Chamaeleo monachus.
En aves, el archipiélago suma más de 190 especies registradas, de las cuales entre nueve y diez son endémicas, entre ellas el estornino de Socotra y el gorrión de Socotra. La UNESCO identificó 22 Áreas Importantes para las Aves (IBA) en la isla.
El entorno marino tampoco escapa a la singularidad.
Se han catalogado 253 especies de corales, más de 730 especies de peces costeros y 300 tipos de crustáceos, aunque una parte considerable de la biodiversidad de invertebrados marinos permanece sin estudiar.

Amenazas sobre un ecosistema aislado
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente identificó el sobrepastoreo, la urbanización sin planificación, la explotación de recursos naturales, las especies invasoras y el cambio climático como las principales amenazas para la biodiversidad de Socotra.
El aislamiento económico de la isla respecto al resto de Yemen, agravado por el conflicto armado que atraviesa el país desde 2014, también ha modificado los patrones de consumo local.
Actualmente, la escasez de combustible ha llevado a parte de la población a depender de la leña, lo que ha añadido presión sobre la vegetación nativa.
La organización WWF clasifica el estado de conservación del archipiélago como crítico.
Distintos equipos de investigación insisten en que la pérdida de una sola especie clave, como el árbol de sangre de dragón, podría tener efectos en cadena sobre buena parte de la flora asociada a su sombra y su suelo.