Guía para visitar las rocas más extrañas de Tailandia: Hin Sam Wan. Foto: Somsakwiki2569, CC BY-SA 4.0

Hin Sam Wan, las tres ballenas de piedra que emergen de la selva tailandesa

Durante siglos solo subían monjes a meditar; hoy es una de las postales más sorprendentes de Tailandia.
21.09.2026
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En el rincón menos turístico de Tailandia, pegado a la frontera con Laos, hay un paisaje que desconcierta a primera vista.

La postal muestra tres enormes rocas alargadas que asoman desde la cima de una colina boscosa, con formas tan redondeadas y alineadas que, vistas desde arriba, parecen una familia de ballenas emergiendo de un mar de vegetación.

El lugar se llama Hin Sam Wan (literalmente ‘roca de las tres ballenas’) y se volvió viral hace apenas unos años gracias a unas fotos aéreas, pero su origen geológico es muchísimo más antiguo.

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Una postal que empezó a esculpirse hace 75 millones de años

Lo que hoy se ve como tres ballenas de piedra es en realidad un afloramiento de arenisca rica en cuarzo de la Formación Phu Phan, parte del llamado Grupo Khorat. Esta secuencia de rocas sedimentarias domina buena parte del noreste tailandés y es famosa entre los paleontólogos por conservar abundantes restos de dinosaurios.

Esa arenisca se depositó originalmente en antiguos ríos y llanuras de inundación durante el período Cretácico, hace más de 100 millones de años. Más tarde, hace unos 75 millones de años, un levantamiento tectónico empujó esas capas de roca hacia la superficie, dejándolas expuestas a la erosión.

A partir de ahí, el trabajo lo hicieron el viento y la lluvia.

Durante millones de años fueron desgastando de forma desigual la roca, aprovechando grietas naturales para separar y redondear tres bloques colosales (el mayor mide unos 75 metros de largo) hasta darles ese perfil alargado y curvo que hoy recuerda tanto a un lomo de ballena emergiendo del agua.

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El color rojizo que cubre buena parte de la superficie tampoco es casualidad. Se debe a finas capas de óxido de hierro formadas por meteorización química a lo largo de todo el proceso.

Padre, madre y una cría que nadie puede tocar

La formación recibe su nombre porque, observadas juntas, las tres rocas recuerdan a una familia de cetáceos nadando en fila: una “ballena padre”, una “ballena madre” y una “ballena cría” de menor tamaño.

El detalle curioso es que solo dos de las tres son accesibles a pie (las correspondientes al padre y a la madre), mientras que la roca más pequeña, la de la cría, queda fuera del alcance de los visitantes por su ubicación y su estado, lo que añade un halo de misterio al conjunto.

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Además, mucho antes de que las fotos aéreas hicieran famosa la zona en redes sociales a partir de 2018, sus visitantes eran casi exclusivamente monjes budistas, que subían hasta la cima para meditar aprovechando el viento y el silencio del lugar.

De hecho, todavía hoy se conservan algunas pequeñas cabañas que se usaban para esos retiros, dispersas entre las rocas del entorno.

Dónde está y cómo se llega

Hin Sam Wan se encuentra dentro del Parque Forestal de Phu Singh, sobre una colina en el distrito de Muang, en la provincia de Bueng Kan, en el extremo noreste de Tailandia, muy cerca del río Mekong y de la frontera con Laos.

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Bueng Kan es una de las provincias más jóvenes y menos visitadas del país (no se separó de Nong Khai hasta 2011), lo que explica por qué el lugar todavía conserva ese aire de secreto bien guardado, lejos del circuito turístico tradicional.

Llegar hasta Bueng Kan desde Bangkok implica un viaje de entre ocho y diez horas en autobús, o bien volar hasta Udon Thani y continuar por tierra unas tres horas más.

Una vez en la ciudad de Bueng Kan, Hin Sam Wan queda a unos 25 kilómetros al sureste. El último tramo hasta la cima es un camino de tierra empinado que la mayoría de los visitantes recorre en camionetas contratadas en la base del sendero, por unos 500 bats por vehículo (con capacidad para varias personas, por lo que conviene compartir el gasto con otros turistas).

Solo quienes cuentan con un todoterreno propio pueden animarse a subir por su cuenta. La entrada al parque tiene un precio simbólico, y desde ahí parten senderos señalizados que llevan hasta los distintos miradores sobre las rocas.

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Cuándo conviene ir

A diferencia de otros atractivos naturales de Tailandia, Hin Sam Wan se puede visitar durante todo el año, pero cada temporada ofrece una experiencia distinta.

La temporada de lluvias, entre junio y octubre, es, paradójicamente, la más recomendada por los propios tailandeses para fotografiar el lugar, ya que el bosque que rodea las rocas alcanza su verde más intenso y el contraste con la piedra rojiza es mucho más marcado. La contrapartida es que el camino de acceso se vuelve más resbaladizo y menos previsible.

La temporada seca y fresca, entre noviembre y febrero, es la más cómoda para caminar y ofrece cielos más despejados, además de coincidir con la época de mayor afluencia de visitantes.

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Subir de madrugada para ver el amanecer desde lo alto de la “ballena padre”, cuando la niebla matinal todavía cubre parte del valle, se ha convertido en el plan más demandado.

Otros atractivos para completar el viaje

Como Bueng Kan no suele visitarse de paso, la mayoría de quienes llegan hasta Hin Sam Wan aprovechan para recorrer otros puntos de la provincia en el mismo viaje.

El más conocido es Wat Phu Tok, un templo budista construido sobre una montaña de arenisca aislada, al que se accede por una serie de puentes y escaleras de madera que rodean el acantilado en siete niveles distintos, una experiencia tan vertiginosa como espiritual.

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También vale la pena acercarse hasta la orilla del Mekong, donde templos como Wat Ahong Silawat ofrecen vistas directas hacia Laos.

Como complemento, se pueden explorar otras formaciones rocosas y cuevas que se esconden dentro del propio Parque Forestal de Phu Singh, mucho menos fotografiadas que las tres ballenas, pero igual de curiosas: una roca con forma de cabeza de elefante y otra que recuerda, a escala reducida, a la Esfinge de Guiza.

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