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ToggleTras años de espera y una ceremonia inaugural a la altura de su legado, el Gran Museo Egipcio abrió finalmente sus puertas el pasado 1 de noviembre de 2025. El más grande del mundo dedicado a una sola civilización.
El valor de su colección es difícil de calcular, pero lo más sorprendente son las más de 5.500 piezas del Tesoro de Tutankamón que por primera vez en la historia se exhiben al público.
Cuando a Howard Carter, el arqueólogo británico que en 1922 descubrió la tumba del rey Tutankamón, le preguntaron qué había visto, dijo: “Cosas maravillosas”.
Durante siglos la civilización egipcia ha despertado el interés de arqueólogos, historiadores, curadores de arte y aficionados. De su larga lista de faraones, el “niño rey”, Tutankamón, es posiblemente el más fascinante de todos. Y esto se debe, en gran parte, a su tesoro.
¿Quién fue Tutankamón? ¿Qué maravillas esconde su tesoro? ¿Por qué es uno de los más grandes legados de la historia?
Hagamos un largo viaje en el tiempo para intentar responder estas preguntas.
Un repaso por la vida de Tutankamón
El niño rey fue proclamado faraón con apenas 9 años. Su reinado fue breve, ya que apenas duró una década, y su joven cuerpo fue enterrado en un hipogeo discreto en el Valle de los Reyes.
No fue hasta 1922, cuando Carter descubrió su tumba prácticamente intacta, que su magnífico tesoro salió a la luz. Hoy en día, Tutankamón es el faraón más famoso del mundo moderno.
Hijo del faraón Amenhotep IV (más conocido como Akenatón), se cree que Tutankamón nació en torno al año 1345 a.C. y murió en circunstancias que, a día de hoy, siguen siendo un misterio. Falleció alrededor del año 1327, con tan solo 18 años.
Poco o nada se sabe de su madre biológica, aunque los historiadores creen que no fue la esposa principal de Akenatón, la reina Nefertiti.
El corto reinado de Tutankamón tuvo lugar durante la XVIII Dinastía, aproximadamente entre los años 1336 y 1327 a.C. Su nombre original era Tutankhaten, lo que refleja el periodo en que su padre había promovido el culto al disco solar Atón.
En aquel entonces, Akenatón intentó reemplazar las antiguas creencias politeístas de los egipcios por la adoración a un solo dios, Atón. Un cambio de semejante envergadura trajo sus consecuencias: la sociedad, el clero y la economía se fragmentaron.
Al ascender al trono, Tutankamón cambió su nombre para honrar al dios Amón, lo que implicó el regreso al culto tradicional egipcio que Akenatón había intentado cambiar. De ese modo, y siendo tan solo un niño, el Rey Tut instauró nuevamente el orden en Egipto.
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Tutankamón se casó con su hermanastra, la reina Ankhesenamón, hija de Akhenatón y Nefertiti. El fruto de esa relación fueron dos niñas gemelas que nacieron muertas y cuyos fetos fueron enterrados en vasijas en la tumba del faraón. Por ende, la pareja no dejó heredero al trono. La tumba de la reina Anjesenamón aún no ha sido encontrada.
Lo poco que se sabe del matrimonio fue revelado por el Tesoro de Tutankamón. Por ejemplo, en algunos objetos se ven plasmadas diferentes escenas de su vida cotidiana, como una en la que se muestra a la reina aplicando un ungüento en los hombros del joven rey, en una escena de intimidad y cuidado.
Los misterios en torno a la muerte de Tutankamón
La muerte de Tutankamón sigue siendo uno de los mayores misterios del Antiguo Egipto y en torno a ella se han elaborado muchas teorías diferentes.
Un estudio realizado en el 2010 sobre los restos del joven rey arrojó que padecía diversas afecciones de salud, como la malaria y la enfermedad de Köhler, un trastorno óseo poco común del pie. Esto parece confirmarlo los 130 bastones (todos distintos entre sí) hallados en su tumba, que sugieren que Tutankamón podría haber tenido dificultades para caminar.
En base a esto, una de las teorías es que habría muerto como fruto de una combinación de malaria, una fractura de la pierna y diversas complicaciones de salud.
Otro estudio planteó que pudo haber sufrido un grave accidente de carro o alguna herida traumática.
Aparentemente, a pesar de su fragilidad, Tutankamón era aficionado a la caza y otros deportes de riesgo. Prueba de ello son los 46 arcos, 400 flechas, cuchillos y los seis carruajes hallados en su tumba.
Otra línea de investigación sostiene que su salud estuvo comprometida por enfermedades hereditarias o congénitas como resultado del matrimonio entre parientes, una práctica que era muy común en la nobleza egipcia.
No hay una conclusión definitiva. Lo que está claro es que la muerte de Tutankamón fue repentina y probablemente inesperada. La prueba más grande de ello es el tamaño relativamente pequeño de su tumba, que parece haber sido cavada con prisas.
El Tesoro de Tutankamón
El 4 de noviembre de 1922, el equipo de Carter finalmente descubrió la entrada a la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, cerca de la actual ciudad de Luxor.
Vale aclarar que la del joven rey no era la única tumba del lugar. Entre los años 1550 y 1070 a.C., los egipcios dejaron de construir pirámides para sus faraones y en lugar de eso los enterraron en este valle. Los de Ramsés II, Seti I, Tutmosis III, Amenhotep II y Horemheb son otros entierros famosos que se pueden encontrar dentro de este complejo.
Unos días después, Carter logró ingresar al interior de la tumba de Tutankamón. La década siguiente se dedicó a excavar, fotografiar, catalogar y documentar los miles de objetos hallados en las cuatro habitaciones que conforman el enterramiento.
El sarcófago de Tutankamón estaba resguardado por cuatro capillas doradas y tres ataúdes antropomorfos encajados uno dentro del otro, como una matrioshka sagrada.

Pero el conjunto total se compone de más de 5.000 objetos, puesto que Tutankamón fue enterrado con todo lo que un faraón podía necesitar en el más allá: mobiliario, joyas, armas, carros, trajes, estatuas, comida y amuletos sagrados. Todo perfectamente bien preservado, a pesar del paso de más de 3.000 años.
Ninguna otra tumba real había llegado tan intacta a nuestros días. El estado de conservación del oro y las piezas permitió reconstruir cómo era la vida (y la muerte) de la élite faraónica y, por supuesto, del Rey Tut.
El hallazgo de Carter no fue solo un golpe de suerte; fue una hazaña arqueológica sin precedentes. El mayor tesoro del Antiguo Egipto y, quizás, de toda la historia de la humanidad.
El Tesoro de Tutankamón en el Gran Museo Egipcio
Tras muchos años de minuciosa restauración, la colección completa del Niño Rey se exhibe por primera vez al mundo entero.
Desde su espectacular máscara funeraria hasta su armadura y una enorme cantidad de piezas de mayor o menor tamaño, esta muestra (y la colección en general del Museo) es “un regalo que Egipto hace al mundo”, tal como dijo Abdulfatah el Sisi, el presidente de Egipto.
Las piezas más famosas de la extensa colección del Tesoro de Tutankamón se exhiben en una cámara gigante, con una iluminación especialmente diseñada para ayudar al visitante a captar minuciosamente cada detalle.
Como es de esperar, la máscara funeraria de Tutankamón, una pieza deslumbrante de oro macizo, incrustada con vidrio azul, cerámica vidriada y piedras semipreciosas, es quien se lleva todas las miradas.
Tutankamón: el tesoro del faraón eterno
El Tesoro de Tutankamón es un gran libro abierto de la historia, no solo del Rey Tut, sino de todo Egipto.
Asignarle un valor monetario sería demasiado complejo. Su valor real es intangible: la tumba de Tutankamón nos brinda una ventana única a la realeza egipcia, a prácticas funerarias, materiales, arte, religión y al Egipto del año 1300 a.C.
Y mientras sus objetos deslumbran al mundo, Tutankamón, el joven rey que fue olvidado por siglos, continúa reinando desde la eternidad.
